CAPÍTULO XVII CONDENADOS AL DOLOR Agobiada por ser el centro de atención, una vez que las presentaciones terminaron, Estefanía salió del gran salón para tomar un poco de aire, estaba segura de que jamás se acostumbraría a tanta atención, era demasiada presión. Agradeció que sus padres la mantuvieron alejada, por lo menos había disfrutado de una niñez y juventud feliz, pensaba mientras caminaba a paso lento por el porche que rodeaba el jardín. La fuente al centro de aquel extenso jardín se convirtió en su lugar favorito. Los últimos meses la pasaba ahí, sentada a la orilla de la fuente con los ojos cerrados escuchando el correr del agua. De alguna manera era terapéutico y le ayudaba a mantener a raya sus recuerdos sobre Romel. Se paró en seco al reconocer a lo lejos la figura elegante

