IZ —¡Phil! —grité, mientras el hombre se movía dentro y fuera de mi cuerpo con tal fuerza que podría morir felizmente contenta en este momento. Mi cuerpo era recorrido por una corriente de placer jamás experimentada. El orgasmo número seis de la noche. Debía de admitir que ver el tamaño de Phil me intimidó, y pensé en que después de un primer encuentro no sería posible soportar otro, pero que desacertada estaba. Era una mujer de poca fe con mi propio cuerpo. —¿Le gusta a mi reina cómo someto su cuerpo? ¿Cómo lleno todo tu interior? —preguntó moviéndose con mucha más rapidez. Ya me tenía al borde del delirio. —Si, si, ¡sí! —grité enterrando mis uñas en su espalda. Phil cayó sobre mi cuerpo para unir nuestros labios en un beso que me llegó hasta el alma y más aparte que cerraba con b

