Tiara se quedó mirando a la profesora, quien la observaba con una mezcla de curiosidad y desconfianza. No todos los días llegaba una chica con una entrada tan extravagante a esa escuela.
Profesora: Señorita Zorman, bienvenida. Es un placer conocerla. Soy la profesora Miranda, sus padres me comentaron sobre su educación en todo este tiempo. Vine a decirle que estaré a cargo de guiarla en este curso con mucho gusto - sonríe, pero con un toque de rigidez - Espero que logre adaptarse rápido, aquí todos somos iguales - mirada seria.
Tiara solo asiente con una leve sonrisa, intentando no parecer nerviosa aunque por dentro el corazón le latía con fuerza. (Mis padres la debieron de hablar para que me de clases estrictas) Javier, su mayordomo, se mantenía a un paso de distancia, con la mirada firme y la postura recta que lo hacía parecer más un guardaespaldas que un asistente escolar.
Al entrar al aula, el murmullo se intensificó. Algunos la miraban con admiración, otros con envidia, y unos pocos con desinterés. Luego un silencio aterrador que solo se podían escuchar sus pasos al entrar al aula de clases pero a la vez le resultaba muy emocionante. Tiara se acomodó en una de las bancas del medio, mientras Javier permanecía de pie en el fondo, observando cada movimiento. Ella al notar que le dolerian los pies a Javier al estar parado todo el tiempo que iba a estar en la clase. Se paró, caminando hacia él para tomar una banca y moverla hacia atrás a un lado de él.
Tiara: Ten, siéntate - la mira sin decirle nada ya que la conocia y no iba a aceptar un no por respuesta. Ya que se preocuparia e insistiria.
Ella vuelve caminando recto, con confianza ya hacia su lugar y se sienta ya más tranquila.
- Vaya… la princesa se mezcla con los mortales - susurró una voz masculina desde la última fila. Y todos voltearon a mirar curiosos y con mucha atención.
Tiara levantó la vista sorprendida y notó a un chico de mirada penetrante y sonrisa arrogante. No vestía el uniforme de la manera correcta, sin respetar las reglas: la camisa desabotonada en el cuello, enseñando parte de su pecho, una cadena plateada que brillaba bajo la luz y una cicatriz leve en la ceja derecha. Con un corte de cabello lacio, corto, pero algunos flecos largos de color n***o. Sus ojos, oscuros y profundos, parecían esconder secretos o incluso misterio.
- ¿Perdón? - respondió Tiara, algo molesta.
- Nada, nada - contestó el chico, recostándose en su silla con una expresión de desafío - lo que escuchaste... - cerrando sus ojos.
La profesora, notando la tensión, carraspeó - ¡Silencio! Empezaremos la clase - levantando un marcador para escribir en la pizzarra.
Pero al pasar esto Tiara no pudo evitar sentir algo extraño en su panza. Una mezcla de irritación y curiosidad por ese estudiante desconocido que se atrevía a hablarle de esa manera. Nunca habia enfrentado algo similar o parecido. No sabía siquiera su nombre, pero en su interior sintió un leve cosquilleo que aquel chico tendría un papel importante en lo que estaba por venir.
Y no estaba equivocada sobre ello. Ese chico no era un estudiante común. Su apellido estaba ligado a una de las familias más peligrosas del bajo mundo… y pronto, sus destinos se cruzarían más de lo que ella jamás imaginaria.
La primera semana de Tiara en la escuela pasó entre miradas curiosas y comentarios envidiosos. A pesar de todo, ella intentaba adaptarse, aunque era difícil. Sin embargo, había alguien que llamaba su atención sin que quisiera admitirlo: aquel chico de mirada intensa y sonrisa peligrosa que siempre parecía observarla desde lo lejos.
Una tarde, al salir de clases, Tiara caminaba acompañada de Javier hacia la limusina. Frente a la entrada escolar. De pronto, un auto n***o se detuvo bruscamente frente a ellos. Varias puertas se abrieron y hombres con chaquetas oscuras salieron a toda prisa.
—¡Señorita, atrás! —gritó Javier, poniéndose en guardia.
Él lucho con todas sus fuerzas aunque ya llegando a la vejez aún era fuerte pero fue demasiado tarde. Uno de los hombres la sujetó del brazo con fuerza. Tiara intentó gritar, pero una mano cubrió su boca y la arrastraron hacia el vehículo. Javier luchó contra dos de los secuestradores, mostrando su entrenamiento en artes marciales, pero eran demasiados. Los demás estudiantes que estaban cerca solo veían con miedo la escena y sorprendidos pero no hacian nada solo alejarse un poco.
Ya con ella dentro y tapando sus ojos con una manta negra, el motor rugió y en cuestión de segundos el auto desapareció por las calles del barrio.
Cuando Tiara recuperó la calma, estaba en una habitación oscura, elegante, con cortinas pesadas y olor a tabaco. Sus manos estaban atadas con una cuerda suave, pero firme. De pronto, escuchó pasos acercándose.
La puerta se abrió lentamente y allí estaba él: el chico misterioso, popular pero con un desinteres en ser popular y sin interes en casi nada de la escuela. Pero que aún llevaba unas buenas notas en clase.
Pero ahora, no vestía uniforme. Llevaba una camisa negra arremangada, cadenas doradas en el cuello y un reloj costoso brillando en su muñeca, con unos zapatos elegantes. Sus ojos oscuros la miraban con una calma peligrosa, como si estuviera en completo control de la situación. Con un olor rico a un perfume caro.
—Sabía que eras especial desde que te vi —dijo con voz grave, mientras se acercaba—. Pero no tenía idea de que fueras la hija de los Zorman.
Tiara tragó saliva, el corazón le latía tan rápido que sentía que podía explotar allí mismo en ese lugar.
Tiara: ¿Qué? ¿Quién eres tú? ¿Qué quieres de mí? —preguntó con voz temblorosa y aún sorprendida.
El joven sonrió de lado, inclinándose hasta quedar a la altura de su rostro mirándola de cerca.
- Mi nombre es Dante. Y lo que quiero… ¿aún no lo has descubierto o si? O eres tonta y sin inteligencia si aún no te das cuenta -.
Él la observó intensamente, y aunque Tiara sabía que estaba en peligro, una parte de ella no podía apartar la mirada de sus misteriosos y profundos ojos. Era como si hubiera algo magnético en él, algo que la atraía e incluso en medio del miedo. Querria descubrir cuanta profundidad habitaba en esos ojos y saber lo que habria en el fondo.
Dante: No voy a lastimarte… —susurró, tocándole suavemente la barbilla con un dedo - Al menos no, si haces lo que te digo -.
Tiara, confundida entre el miedo y la atracción, sintió que su vida acababa de cambiar y dar un giro para siempre.
Continuará…