Capítulo 03: Juego Peligroso

1157 Palabras
Tiara se movía inquieta en la silla donde estaba atada. Dante se había quedado mirándola en silencio durante unos segundos, como si disfrutara de su incomodidad. Luego, se sentó frente a ella, sacó un cigarrillo y lo encendió con calma. Tiara: Tanto te gusta verme así en este estado, que incluso te fumas algo de frente tan tranquilo - dijo seria y molesta con algo de nervios. Pero él no decia nada solo la miraba. Dante: Tus padres tienen demasiado dinero… - murmuró, exhalando el humo lentamente - Pero no entienden lo que significa perder algo valioso -. Tiara: ¿E-entonces, esto es por dinero? —preguntó Tiara, con un tono desafiante aunque su voz temblaba. Dante solo sonrió como si contestara a su pregunta sin nada que decir. Dante: Al principio, sí. Pero contigo… no estoy tan seguro - La observó de arriba a abajo, con esa mirada que parecía atravesarla - Creo que tienes algo distinto, princesa -. Tiara sintió un escalofrío. Parte de ella quería gritarle, odiarlo, insultarlo. Pero había algo en su seguridad, en esa manera de hablar y moverse, que la desarmaba. No se parecía en nada a los chicos superficiales de su mundo; Dante desprendía peligro, fuerza, y una especie de libertad oscura que la atraía más de lo que estaba dispuesta a admitir. Tiara: N-no me hagas n-nada, te lo advierto - temblorosa - N-no me toques ni un solo cabello. Ni loca quiero que Javier me encuentre tirada en una bolsa de basura hecha trozos y me tenga que sepultar -. Dante: ¿E-enserio te preocupas más de ese simple mayordomo que de que tus propios padres te encuentren mal? - sorprendido. Ella solo inclino su cabeza mirando el suelo algo preocupada y triste. Tiara: Eso n-no, solo que... - se queda sin palabras unos minutos. Dante: ¿Qué? - mirada seria y confusó - bueno no importa - ella lo mira de reojo. Luego de unos minutos más de silencio. Él se inclinó de nuevo hacia ella, tan cerca que pudo sentir el calor de su respiración. Dante: No voy a dejarte escapar todavía. Quiero conocerte un poco más. Divertirme un poco contigo. Quiero ver qué tan diferente eres de la niña rica mimada que todos creen que eres -. Tiara bajó la mirada, nerviosa, pero su corazón latía con mucha fuerza. ¿Por qué sentía que sus palabras la estremecían más que el propio secuestro? De repente, uno de los hombres de Dante entró bruscamente a la habitación. -Jefe, tenemos un problema. El mayordomo de la chica está siguiendo nuestras pistas. No tardará en dar con el escondite - menciona con nervios. Dante frunció el ceño, molesto. Dante: Ocúpense de él, pero no lo maten. Quiero que entienda que aquí mando yo -. Luego miró a Tiara y sonrió de nuevo. Dante: Supongo que eso significa que estarás conmigo más tiempo, princesa -. Ella lo miró con rabia contenida, pero en el fondo, sentía algo más… algo que no quería aceptar. El miedo y la atracción empezaban a confundirse, y Tiara entendió que estaba entrando en un juego del que quizá ya no podría salir. Él se va sin decir más de la habitación y ella da un respiro de alivio. Luego de unas horas... La puerta de momento se abrió y al mirar entrar a un hombre desconocido. Pero de gran tamaño y altura con una barriga grande. Ella se asusta y piensa lo peor. Efectivamente era lo que presentia algo malo. Él señor con barba larga cierra cuidadosa y silenciadamente la puerta suave. La mira y comienza a dar pasos hacia ella con lentitud. Tiara: ¿Quién es usted? ¿Acaso, Dante lo envió? -. El señor con una turbia sonrisa y sin parar de caminar hacia ella le contesta. - Solo vine a darte un regalito con cariño, no te asustes será rápido - mientras tomaba con sus manos su correa de su pantalón - No pienses gritar que no estoy para juegos. Si gritas me aseguraré de que no salgas viva de aquí -. Pero ella con temor empezó a gritar sin saber nada más que hacer. Pidiendo ayuda sin obtener ninguna respuesta. Ya cerca de ella la comienza a lamer con su lengua por el rostro. Ella lo mira asqueada y temblando muy tensa. - Deja de gritar, al final como quiera no hay salida. Eres como comida aquí - la abofetea con una se sus manos gordas en su delgado rostro. Al hacer esto, provoca que ella se rinda quejandose y dejando de gritar. Solo aceptando la tortura, cerrando sus ojos fuerte sin querer ver nada. Escuchando como se quitaba el pantalón ríendose. Sonando su correa dura al caer contra el suelo. Solo esperando lo peor escucha de repente la puerta abrirse de golpe. Y unos pasos rápidos hacia ellos. Con firmeza abre sus ojos para ver quien más estaba allí. Era Dante quien sostenia en su mano una pistola apuntando hacia ella. (Ya se acabó. Este es mi fin, gracias mundo por los únicos momentos buenos en mi vida que aún logró recordar.) Pensó ella, esperando para recibir el balazo. Pero quedo sorprendida, pues él apunto hacia el tipo gordo y grotesco. (¿Qué? Aún no es mi fin.) Dante: ¿¡Qué es lo que haces!? - molestó le preguntó algo exaltado - Saca tus sucias manos de aquí - mirada fija. - Tranquilo jefe, solo me queria divertir un poco con la presa. Eso es todo - Alzando ambas manos asustado. Dante: Por si no lo tienes claro, ella es mi presa. Solo yo le puedo hacer lo que sea que me proponga. Es solo mi presa, no la de ustedes. ¡Yo no te di el permiso de hacer nada! ¿¡Entendiste!? - Al verla marcada en su rostro y él con sus pantalones abajo se enojo más - En este momento... - trata de respirar profundo - Saca tus horribles cosas de aquí, o te mató -. - N-no s-señor, ya entendí. P-por favor calmese, m-me voy - Recogiendo sus pantalones y correa se va asustado. Al dejarlos solos en la habitación y cerrado la puerta. Baja su arma y la guarda. Dante: ¿E-estás bien? - algo preocupado la mira. Al ella verlo se hace la fuerte y trata de no demostrarse vulnerable ante nada. Tiara: Sí... - él no le cree y coloca una de sus manos detrás de su pantalón. Ella se asusta más pero al ver que saca un pañuelo le alivia por alguna razón. Se acerca con cuidado demasiado para limpiar su rostro con aquel pañuelo. Se queda sorprendida y sin querer se le sale una lagrima que él también le limpia. Antes de él retirarse de la habitación, le dice unas palabras. Dante: Lamento lo ocurrido con uno de mis hombres, si no hubieras gritado habria llegado tarde... - se va cerrando la puerta para dejarla tranquila. Continuará…
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