Pasó la semana. Los padres de Logan seguían tan ingenuos como siempre. Mi madre había cumplido su palabra de mantenerse callada siempre y cuando después de que le quitaran la escayola a Logan acudiéramos al dichoso programa de alcohólicos anónimos. Y hoy era el día. Mi madre me llevó a casa de Logan para que juntos pudiésemos cumplir castigo. Fui a llamar a la puerta de la mansión Weels cuando oí ruidos y apoyé la oreja para enterarme del asunto. Estaban discutiendo, aquella voz grave y autoritaria parecía la del el padre de Logan. Padre e hijo se gritaban unas barbaridades que me hicieron abrir la boca de par en par. —¡Me largo! Me tienes hasta los cojones. Abrió la puerta dándome con ella en la frente y haciéndome quedar cono una cotilla a gran escala. —¡Giselle! —Auu —me mostré av

