Sucedió así la semana hasta que llegó el viernes. Al día siguiente mi mejor amiga se casaba y como era de esperar llegaba la despedida de soltera. Habíamos quedado en la gran casa de Rachel, todas las dama de honor incluyendo a la víbora. Sus padres nos habían dejado la casa con la condición de que estuviera de una pieza en cuanto volvieran al día siguiente. Según Rachel los chicos habían creado su propia de despedida y estarían planeando ir a algún que otro puticlub. -Bueno chicas, ¿estáis preparadas para la fiesta? -nos dijo Sarah levantando dos bolsas llenas de alcohol. Había jurado que nada de beber, ¡pero que demonios! Era la despedida de Rachel, esto solo ocurre una vez en la vida. Denisse y Sarah se encargaron de preparar los mojitos más cargados y deliciosos que había probado.

