Todo mi cuerpo temblaba bajo aquella manta que me había tendido con dulzura Daisy. Estábamos en una mesa del comedor arropados y aún temblando de frío. —Aquí tenéis —nos tendió Oliver un plato de sopa a Logan y a mí. Me fije en que llevaba puesto el mismo delantal que habíamos tenido que ponernos mi maridito y yo. —Gracias —dije por lo bajo. —¿Me vas a contar que hacéis aquí? —soltó Oliver como me temía. —Podría hacerte la misma pregunta —conseguí contestar mientras sujetaba la cuchara como si tuviera párkinson. —Oliver —le llamó Daisy—. Ven a ayudarme. Este me dedicó una mirada de: aún no he terminado contigo y después miró a Logan con odio y se marchó. Durante los siguientes minutos me fije en que mi maridito y yo parecíamos un matrimonio desahuciado que vivía de bajo de un puen

