Me mantengo hecha un ovillo en el suelo del baño mientras Sharon y su grupo de seguidoras me dan golpe tras golpe. La posición auudandome a proteger mejor mi estómago de un daño mayor. La verdad es que ya casi ni los siento, entumecida como estoy sus golpes parecen solo aire, y sus insultos tampoco son muy audibles para mí. O al menos eso me digo mientras los aguanto en completo silencio.
- Maldita zorra estúpida, eres un puto monstruo, zorra, puta del infierno, ahi es donde te tienes que podrir.
Me mantengo en silencio todo el rato que dura su descarga de golpes e insultos simultáneos. Ni siquiera dándoles un solo gesto o sonido de dolor. Lo que solo parece insitarlas más.
En algún momento todo para y siento la puerta del baño cerrarse con fuerza tras el grupo de matonas tontas que se marchan entre risas victoriosas que hablan más de ellas que de mi.
Salgo lentamente de mi introspección y casi disociación. Las sensaciones regresando poco a poco a mi cuerpo y sistema, así como el dolor que las acompaña.
Me levanto del suelo después de unos largos minutos simplemente sintiendo mi cuerpo otra vez. Con cierta dificultad me hiergo por completo y me comienzo a hechar agua fría en la cara.
Hago una mueca ante el dolor en mi abdomen por el gesto inclinado, pero no me detengo. Sigo hechandome agua, hasta que siento que el entumecimiento se disuelve completamente, hasta que puedo notar el frío del agua en el rostro, hasta que la ligera punzada se vuelve en un dolor insoportable.
Con el rostro empapado y chorreando agua a mi ropa, me miro en el espejo. Fijandome en el pelo revuelto, resultado de los alones y tirones, las mejillas rojas por las cachetadas, la nariz con sangre seca apenas disimulada. Pero sobre todo me fijo en ellos, los ojos ambar que en momentos como este parecen arder. Siempre arden, como las llamas del infierno que sé llevo por dentro, las mismas que tenía él.
Aparto el pensamiento traicionero y me seco la cara rápidamente, quitándome el hilillo de sangre de la nariz en el proceso. Entonces cojo mis cosas, desparramadas en el suelo del baño salgo con paso rápido hacia el pasillo.
Nunca es bueno quedarse más tiempo del necesario, lo aprendi de la manera difícil hace mucho tiempo. Puedo recuperarme en cualquier otro sitio, después de todo nunca hacen demasiado daño. Nunca demasiado visible, nunca demasiado obvio. Son como las ratas, solo picoteando su comida.
Me dirijo con el mismo paso rápido hacia el lugar que es mi oasis en este infierno y que justo ahora necesito más que nunca.
Despues de solo un rato andando en el terreno prácticamente desolado de la escuela lo veo, las gradas del pequeño estadio donde el novio de Sharon, Jonah, y el equipo de fútbol americano del colegio que lidera reinan regularmente. Pero mientras está vacío, es el reino de los exiliados, el lugar donde podemos lamer nuestras heridas Jules y yo, lejos de las miradas triunfantes de nuestros torturadores.
Al llegar, inmediatamente me percato de que no estoy sola en mi oasis personal. Ocultos de la vista, más no tanto del oído, puedo sentir a Jules hablando, en intimos susurros de voz ahogada. Claramente compartiendo más que palabras con su nuevo amante bandido, Jonah Harris.
Enseguida me enervo, literalmente ardiendo de rabia, como no hice ni siquiera con las zorras que me patearon e insultaron en el baño.
No tengo nada en especial en contra de Jonah, al menos nada demasiado grabe. Comparado con los otros estudiantes nunca ha sido cruel, ni física ni verbalmente, con Jules o conmigo. Pero claro, tampoco a hecho nada para impedirlo. No a hablado ni para bien ni para mal, no a actuado ni para defender ni para atacar. Simplemente se ha quedado viendo cuando su disque novia me acosa, y a Jules por descontado. Se ha quedado a un lado y permitido que sus compañeros de equipo, que se creen tan súper hombres, golpeen a Jules solo por su preferencia s****l y la forma en que viste y actúa. Mientras que por detrás, en la oscuridad y soledad del baño o el cuarto de las calderas, le susurra promesas de amor a ese mismo chico en medio del sexo que sus compis ven tan aberrante.
Personalmente odio a ese tipo de personas. Los concidero incluso peores que los acosadores. La inacción siempre será peor que cualquier acción desde mi prespectiva. Quizá porque me recuerda demasiado a mi yo del pasado.
Desde donde estoy escucho perfecto los besos sonoros y los suspiros de placer y gemidos ahogados que estos intentan ocultar. Demasiado perfectamente de hecho. También escucho las promesas, esas que tantas veces han hecho daño a mi amigo a lo largo de los años que le conozco.
Susurradas en los albores de la pasión parecen bellas y románticas, incluso ciertas. Más aún para él cálido e ilusionado corazón de mi tierno amigo. Lleno de demasiada bondad para este mundo, a pesar de solo haber recibido maldad.
Él las cree, simplemente porque, en el fondo, quiere creerlas. Pero esos momentos de debilidad son duramente pagados después.
- Te amo Jules, te amo joder, dejaré a Sharon, te juro que lo haré, tarde o temprano lo haré, no puedo estar sin ti más tiempo mi amor.
En medio de las vehementes palabras de Jonah, dichas sobre labios enredados y respiraciones agitadas por la pasión, hay un movimiento, y de repente, están en mi visión periférica. Dos cuerpos tan pegados como pueden estar, sus bocas juntas, todo leguas y sonidos sugerentes. Sus pantalones semi bajados hasta medio muslo, dejando al aire y a la vista el trasero musculoso de Jonah.
Él menudo y delicado cuerpo de Jules está presionado contra una columna por el voluminoso y atletico cuerpo de Jonah, que le saca dos cabezas con facilidad a mi amigo y lo preciona cada vez más fuerte contra la columna, al ritmo de sus freneticos besos.
Por lo que se ve, y se ve mucho más de lo que desearía ver de mi amigo y su amante, están tocándose mutuamente.
Con un silencioso suspiro derrotado aparto la vista de la pareja perdida en si mismos, marchándome, con cuidado de no ser escuchada, de mi oasis perdido y la idea de relajarme en él.
Hoy parece ser el oasis de esos dos, y decido darles la privacidad de disfrutarlo. Dejar que mi amigo disfrute al menos de esos momentos robados, que son los únicos que recibe de tipos como Jonah.
Después de todo él lo sabe mejor que yo, en el fondo lo hace. Mi amigo puede ser demasiado bueno, y a veces incluso confiado en exceso, pero no es tonto, para nada.
Además mi deber como amiga y compañera de lucha no es juzgarle ni tomar decisiones por él. Sino simplemente estar ahí para él cuando lo necesite. Ser su apoyo y alivio como él siempre ha sido el mío, aunque yo no sea de las que exprese demasiado.
La última clase del día es la de matemáticas de la tarde, pero decido saltarmela. De igual manera ya me sé todo lo que están dando, y lo que en verdad necesito ahora mismo es marcharme a casa y terminar este día de mierda de una vez por todas. Otro más de la larguísima lista de dias de mierda de mi vida
El camino a casa es como siempre lo más tranquilo de mi vida aqui. Nadie se mete conmigo, al menos no directamente, a diferencia de la escuela, pero los cuchicheos nunca faltan.
¿Es ella?
Es idéntica
Dios protegenos del mal
Es un monstruo
Es su culpa
Todo fue su culpa
Cuando ya puedo ver mi casa al final de la calle en el horizonte, lo veo. Incluso a una distancia tan grande, casi un kilómetro de distancia, es claro como el día para mis ojos.
El buzón está lleno.
Tal y como siempre lo está en días como hoy.
Apresuro el paso, hasta casi correr, y llego casi derrapando al dichoso buzón. Lo abro con brusquedad, sacando su contenido y buscando con rapidez entre los muchos papeles, recibos, propaganda y demás, lo que sé se encuentra allí. Lo que no puedo dejar que vea mi madre bajo ninguna circunstancia.
Mi respiración es rápida mientras quito la quinta propaganda del restaurante chino del pueblo y entonces, por fin, lo encuentro. O más bien, las encuentro. Las dos cartas que llegan sin falta cada mes a nuestro buzón, una para mamá, una para mí.
Todas del fantasma de nuestro pasado que se niega a ser menos que un jodido poltergeist en nuestras vidas y memorias. Siempre la gigante sombra tras nuestras espaldas, oscureciendo nuestras vidas desde nuestro pasado hasta nuestro futuro. Siempre el monstruo del que afirmaba protegernos.