M U S E O

2027 Palabras
Noticiero matutino, estación Beazley. —Un pequeño niño de nueve años, llamado Jayden, ha desaparecido el día jueves en el centro comercial Siduk alrededor de las nueve de la noche. El pequeño se encontraba de compras junto con su madre, quien en un momento de descuido, no notó la ausencia del pequeño— informó el conductor de un programa de noticias. —Como podemos observar en la grabación, el pequeño sigue su camino hasta el carrusel para seguidamente ir tras una mujer con un vestido rojo y un gorro de verano n***o— informó su compañera. —Una grabación en la tienda frontal al centro comercial, se puede observar nuevamente a Jayden caminando detrás de la mujer, pero esta vez, la misma se detiene y se gira hacia el pequeño para posteriormente tomar su mano y caminar con total naturalidad. —Si alguien ha visto a Jayden o recuerda haber visto a la mujer en el centro comercial, les pedimos su colaboración. Una foto de Jayden Bassinas fue expuesta a un lado de la pantalla. —La policía local está ofreciendo una recompensa a quien brinde una información útil, al teléfono que aparecerá en pantalla. —Esperamos su colaboración para poder encontrar rápidamente al pequeño Jayden. —Y esas fueron las noticias de la mañana, nos encontramos el día de mañana en otra emisión más de Noticias Matutinas, mi nombre es Jan Goumas. —Y yo soy Shira Klein. Gracias como siempre por estar del otro lado y le deseamos que tengan un buen día. El Equipo Uno se encontraba frente al televisor de la estación con gran expectativa ante la noticia. —Wow, ¿no es genial mi hermana?— alardeó Sabas. —Lo es, bien hecho— felicitó Buckley. —Buen trabajo, Sabas— se sumó Callen. —¿No vas a felicitarme?— indagó a Lain mientras fruncía su rostro. Lain se acercó hacia el y lo observó de cerca. —Por casualidad, ¿tienes alguna dolencia en el rostro?— indagó con diversión. Sabas lo observó con molestia. —Ni quería que lo hicieras— se quejó. Lain frotó el cabello de Sabas con fervor. —¡Buen trabajo! ¡Nuestro pequeño ha hecho un gran trabajo! Los presentes rieron ante la escena, al igual que Sabas. —Bien, lo próximo que haremos es ir de visita al museo para hablar con Keb Bailen— ordenó Buckley. —¿Haremos?— interrogó Athan—¿Iras con ellos? —Si, fui invitado a los recorridos, ¿recuerdas?. Mi cómoda silla me está comenzando a molestar. Los presentes desviaron la mirada, mientras que Callen inclinó la cabeza avergonzado. —Recuérdenme que trate mi temperamento en las sesiones terapéuticas. —Bien, vámonos— ordenó Buckley. Los cuatro salieron hasta la entrada de la estación. —Esperen un momento aquí— pidió Buckley. Los tres asintieron y quedaron a la espera de Buckley, quien apareció al cabo de minutos con una camioneta familiar nueva que contaba con siete asientos. Buckley bajó de la camioneta. —Nos la han dado finalmente— informó Buckley en referencia a la camioneta. Sabas corrió con emoción hacia el vehículo y rápidamente examinó el interior. —¡Wow, es increíble!— esbozó con exaltación para seguidamente ubicarse en uno de los asientos y ponerse el cinturón de seguridad—¡Ya estoy listo, vámonos! Lain y Callen sonrieron ante la emoción de Sabas. —¿Nunca ha visto una camioneta antes?— indagó Buckley con diversión—Una cosa más agente, Klein. Sabas lo observó extrañado y bajó del vehículo. Buckley extendió las llaves del vehículo hacia el. —Sé que mueres por conducirla, por eso te confiaremos nuestras vidas. Conduzcamos con extrema precaución, ¿de acuerdo?— pidió. —Yo paso, aún me queda mucho tiempo por vivir— bromeó Lain. —¡Ni siquiera le he hecho un rasguño a tu coche!— se defendió. —No es lo mismo cuando tú estás frente al volante y yo de acompañante. —Ve por tu cuenta entonces. Sabas se dirigió hacia el asiento del conductor y nuevamente se colocó el cinturón de seguridad para seguidamente encender el vehículo y tocar bocina. —¡Vámonos!— pidió. Buckley y Callen subieron al vehículo para posteriormente colocarse los cinturones de seguridad y luego de pensarlo momentáneamente, Lain imitó su acción. Sabas formó una sonrisa de triunfo al observar a Lain subiendo a la camioneta. Durante el camino, Athan se comunicó con Buckley, quien puso la llamada en modo altavoz. —¿Qué has hallado, Athan?— interrogó Buckley. —El museo se llama Belle Arts, fue inaugurado en el año mil ochoscientos noventa y seis, por el director Duprat. Cuenta con un total de cuatro pisos y un estacionamiento subterráneo. Cuenta con un total de sesenta empleados distribuidos a lo largo del edificio. Cuenta con un total de doce mil setecientos trece obras, pero solo setecientos cuarenta y siete se encuentran en exposición. Hubo reportes acerca de que alrededor de diez obras han desaparecido del museo. —¿Diez obras?— interrogó Callen. —Si, las obras están valuadas en aproximadamente diez mil dorales, al menos las más accesibles. —Bien, ¿qué puedes decirnos acerca de Bailen? —Ingresó como empleado en el museo hace tres años como guardia de seguridad del sitio, es toda la información que hay sobre el. —De acuerdo, te lo agradecemos, Athan. La llamada finalizó y el equipo había arribado al lugar para seguidamente estacionar el vehículo en el estacionamiento subterráneo. —Nos separaremos para cubrir los cuatro pisos, en la búsqueda de Bailen— ordenó Buckley. Los tres asintieron. Callen se encargaría del último piso, mientras que Lain cubriría el tercer piso, Buckley el segundo y Sabas el primero. Callen tomó el elevador hasta el último piso para seguidamente adentrarse en un largo pasillo que exponía algunas obras realizadas en pintura. Avanzó a través del pasillo con pasos lentos mientras observaba las obras expuestas. Al llegar al final de pasillo, una gran habitación con esculturas de cera y yeso en exposición le dio la bienvenida y se encaminó a través de la habitación. "Jewish Boy" —Escultura ejecutada con cera y yeso, una obra de Medardo Rosso— leyó Callen en la descripción. Continuó su camino a través de la habitación. "Laughing Woman" —Debo encontrar a Bailen— se recordó ante la notoria distración.. Callen se acercó hasta uno de los empleados que se encontraban en el piso junto a una gran obra en exposición. —Buenos días— saludó Callen— Estoy buscando a un empleado llamado Keb Bailen, por casualidad, ¿lo ha visto el día de hoy?— Callen extendió su placa policial. —Buenos días, agente. ¿Ken Bailen?— la mujer se silenció momentáneamente—No estoy segura, pero lo mejor es será preguntar en recepción, que se encuentra en el primer piso, podrán informarle mejor al respecto. —Se lo agradezco— respondió Callen para seguidamente avanzar hacia el pasillo y tomar su teléfono. Marcó el número de Sabas y esperó a ser atendido. —Si, agente Messinas— se oyó la voz de Sabas al otro lado del teléfono. —Sabas, pregunta en recepción por Keb Bailen. —Acabo de hacerlo y me han informado que su horario comienza en media hora, estaba a punto de avisarte, ya le he avisado a Buckley y Lain. —Bien, pero a partir de ahora comienza a llamarme Callen, ¿de acuerdo?— pidió— ¿Por qué lo haces con Lain sin que tenga que pedirlo? —No sabía que era la clase de hombre que se ponía celoso por ese tipo de cosas, agente— respondió burlón—Bien, Callen, voy a avisarte en cuanto lo vea entrando, Callen, ¿de acuerdo, Callen? —¿Para qué abrí la boca?— se regañó a si mismo—Bien, avísame. Sabas sonrió con diversión al finalizar la llamada y se dispuso a recorrer el piso como distracción mientras esperaba por el ingreso de Keb Bailén. Observó las obras en exposición con curiosidad y es que nunca había visitado un museo antes. Una obra en exposición llamó fuertemente la atención de Sabas, ubicada en un rincón del extenso piso. Se trataba de un muñeco de cera. Avanzó hacia la escultura y la observó con detenimiento. "La sonrisa que nunca conocí" Se trataba de una escultura de un pequeño niño que desbordaba una gran tristeza. —¿Por qué nunca sonrió?— se preguntó para si mismo. Observó la descripción de la escultura. "En exposición desde el treinta y uno de octubre de mil novecientos noventa y nueve. Una obra de autoría anónima con profundo sentimiento puesta en ella" Sabas se acercó hasta uno de los empleados que se encargaba de brindar información acerca de las esculturas. —¿No se sabe quien es el autor de la obra de "La sonrisa que nunca conocí"?— interrogó Sabas con curiosidad. El empleado realizó una pequeña reverencia ante Sabas en gesto de saludo. —Es una de las obras que más tiempo lleva en exposición y fue una escultura donada por el gobierno. La obra no se encontraba bajo ninguna autoría, pero lo que si podemos afirmar es que la obra fue ejecutada por una mujer, más su nombre nunca se ha sabido— informó. —Oh, ya veo. Muchas gracias por la información. El empleado nuevamente efectuó una reverencia y Sabas siguió recorriendo el piso. —¿Te estás divirtiendo?— interrogó Lain de espaldas, por lo que Sabas se sobresaltó al oírlo. —¡No hagas eso! ¡Sabes lo cobarde que soy!— regañó. Lain soltó una risa. —Lo siento— se disculpó con diversión— ¿Qué te tiene tan concentrado? —No sabía que los museos eran tan entretenidos. —¿Nunca habías visitado uno antes? Sabas negó con la cabeza. —¡Mira esa obra!— Sabas tomó a Lain por el brazo para arrastrarlo hacia la escultura del pequeño. —¿No sientes escalofríos?. Me recuerda al primer homicidio ejecutado por el asesino de cera. Lain se acercó hacia la escultura y la observó con gran curiosidad. —¿Qué pasa?— interrogó Sabas. —Llama a Callen y dile que venga de inmediato— pidió. Sabas asintió e inmediatamente llamó a Callen mientras Lain continuaba con la mirada en la escultura. Observó las manos de la escultura y podía decir que era una escultura con gran detalle a comparación del resto de las obras. —¿Treinta y uno de octubre de mil novecientos noventa y nueve? ¿No tiene nombre de autor? —El empleado dijo que es una obra donada por el gobierno y nunca se supo el nombre del autor, pero que fue creada por una mujer— informó Sabas. —Que curioso. Callen bajó al primer piso y rápidamente se acercó hacia ellos. —¿Qué ocurre?— interrogo en cuanto se encontró junto a ellos. —Mira esta escultura— pidió Lain— Los detalles son similares a los de el asesino de cera. Callen se acercó hacia ella y un leve dolor de cabeza irrumpió el momento, lo que hizo que llevara ambas manos hacia su cabeza. —¿Te encuentras bien?— interrogó Lain. Un recuerdo se apoderó de la mente de Callen. Había una mujer de espaldas mientras realizaba una escultura de cera. —¡Callen!— llamó Lain. —Estoy bien— Callen volvió a recomponerse. —¿Has recordado algo?— indagó Lain con preocupación. —No mucho, solo una mujer de espaldas efectuando una escultura. Supongo que es Millana. Callen observó con detenimiento la escultura. —¿Y si es de su autoría?— interrogó en referencia a la escultura. —¿Tú crees? Fue puesta en exposición luego de lo sucedido. —No lo sé, no me hagan caso. Esperemos por Bailen. Callen se alejó lo más posible de la escultura y tomó asiento mientras esperaba la llegaba de Keb Bailen. Lain y Sabas imitaron su acción y enviaron un mensaje a Buckley para que los acompañaran en la espera.
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