Prefacio y Prólogo
Prefacio.
Quizás fue mi ingenuidad.
Quizás mi solidaridad de ayudar sin esperar nada a cambio.
Quizás lo más seguro fue mi inocencia de no saber captar los mensajes entre líneas.
Pero de lo que si estoy segura es que ellos me tienen y no soy capaz de negarme a sus palabras.
Créeme, por ellos,
tu también caerás conmigo
Prólogo.
Corre
No te detengas
Ya casi llegas
Llegaba tarde a la cita con mi psicóloga, en otras palabras "mi madre".
Iba a llegar solo faltaba un minuto para la hora que acordamos, la sencilla razón por la que llegó tarde es por que mi coche me había dejado tirada en la puerta de mi casa.
Cuando llegue y toque a la puerta, el adelante de la voz de mi madre me hizo pasar.
—Llegas tarde—yo solo la mire con la mirada gacha apretando fuertemente mi puño clavando mis uñas en la palma de mi mano—Siénteta—sin réplicas hice lo que dijo para evitar que se enfadara, iba a explicar mi razón por la que llegaba con retraso—Ahorrate tus palabras.
—yo me callé y me acomodé en mi lugar sin mirarla.
—¿Has hecho lo que hablamos?—su pregunta me hizo tragar con nerviosismo.
"Tengo miedo"
"Los adultos dan miedo"
—Lo he intentado—mis palabras salieron bajas—Es complicado—y más todavía cuando la responsable de mi personalidad este enfrente de mí.
—Bellamy tienes que aprender que si sigues así algún día puede ocurrirte una terrible desgracia que Dios no quiera, pero cabe la posibilidad—crees que no lo sé.
—No puedes ser tan amable y buena con todas las personas—dijo y se acercó a mí quedando de cuclillas a mi altura apoyando su mano en mi mejilla—No todos son cómo tú—yo la mire con la mirada fija—Ingenuos y manipulables, cariño debes darte cuenta.
"Ella no me entiende"
"Nunca lo hace"
"Solo sabe criticarme"
"¿Eso es ser una madre?"
Quería que parara, ¿no se supone que también debo hablar yo?, entonces¿por qué solo habla ella?,¿por qué no entiende que solo me hace daño?, no quiero volver aquí.
—Debes marcharte ya hablaremos Bellamy—dijo y agarré mis cosas y salí por esa puerta corriendo con los ojos llenos de lágrimas.
"No es justo"
Lave mi rostro en el lavabo.
Mi rostro estaba horrible hinchado y rojo, una vez más calmada me arme de valor y salí de ese horrible lugar.
Caminaba por las calles, con mis audífonos puestos observando los edificios y las personas de mi alrededor, caminé hasta llegar a un parque, era una zona alejada donde muy escasa gente iba, me senté debajo de un árbol en su sombra y comencé a leer mi libro eighteen de Alberto Ramos, son estos los momentos donde pienso que soy feliz.
"¿Esto me hace feliz, no?"
"¿O leer me hace feliz?"
Estaba casi apunto de terminar el libro cuando unos murmullos me hicieron voltear el árbol encontrándome en el otro lado a un pequeño niño apoyado al igual que yo en el árbol rompiendo las ramas caídas de este mismo.
—No creo que tú enfado sea por culpa de esas ramas—dije volviendo a mi libro, el crujido cesó.
—Callate—para ser un niño su voz enfadada me causo algo de nervios los cuales pude controlar—Tu no sabes nada.
—¿Me lo cuentas?—pregunte con voz curiosa.
—Eres una desconocida—es verdad.
—Me llamo Bellamy, encantada—dije con voz alegre es más fácil hablar con alguien al que no puedes ver.
—Me gusta tu nombre—dijo el niño—No se lo digas a nadie.
—Soy una tumba—dije dejando el libro en mi bolsa.
—He discutido con mis padres, ellos, no me entienden—ya somos dos—Ellos no entienden que no se me da bien hablar con la gente, ellos no son como yó—comencé a prestarle más atención —Solo hablan conmigo por interés y no por el simple hecho de querer ser mis amigos.
—Te entiendo—dije y el peque se asomó con su ceño fruncido, y se levantó hasta quedar enfrente de mí.
—Eres bonita—dijo y reí con nerviosismo, se sentó quedando cerca de mí, no debería llegar a los seis años, pero a juzgar por su forma de hablar me hace dudar—¿Por qué lo dices?—sorpresivamente su tono de voz cambió a una más dulce.
—Yo soy cómo tú, bueno más o menos, no tengo amigos por qué la gente solo se acerca a mi a pedirme cosas, se me da muy mal decir que no—dije y le sonreí y el pequeño se sonrojo—Y con mis padres no tengo una buena relación en absoluto, ninguno me...
—Comprende—dijimos ambos a la vez.
—Pero tu eres muy pequeño seguro que lograrás hacer que todo mejore—dije y él negó mirando al césped.
—Es difícil hablar con las personas—dijo y me miró triste yo acaricié su mejilla.
—Conmigo lo estás haciendo muy bien—dije y el niño sonrió en grande.
—¿De verdad?—parecía muy emocionado por unas simples palabras.
"Aunque yo soy igual"
—Vas a ser mi amiga, a partir de ahora seremos inseparables—yo le miré con incredulidad por sus palabras y su drástico cambio de voz.
—Yo...
—Nada tú dijiste que no puedes decir que no así que conmigo no sera la excepción—dijo y yo asentí.
"Bueno que puede pasar"
—¿Que estabas haciendo, lo puedo hacer contigo?—yo le iba a preguntar por sus padres cuando sentí unas presencias a mis lados y como el rostro del niño cambiaba a uno neutro.
—Padres.