CEDRIC -Quiero a mi esclava de vuelta.... Esa sola frase aniquila cualquier rastro de serenidad convirtiéndome en un poseso de la ira que me invade. Lo ataco con mi espada pero antes de que pueda siquiera rozarlo uno de sus soldados se interpone. -¡Ella ya no es más tu esclava!- quito del medio a su soldado y esta vez mi espada choca con la suya produciendo el sonido característico. La guerra se desata como una tormenta violenta, sin espacio para la razón ni el arrepentimiento. El estruendo del acero chocando, los gritos, los cascos de los caballos golpeando la tierra, todo se mezcla en un caos ensordecedor. La sangre salpica la tierra húmeda, tiñendo el campo de batalla de un rojo oscuro y espeso. Sus hombres y los míos se enfrentan sin tregua, como bestias hambrientas. No hay miseri

