MESES DESPUÉS Alaric. El nacimiento de nuestro hijo ha disparado mi ansiedad al máximo. Eleanor lleva horas luchando contra el dolor, y cada gemido ahogado que escapa de sus labios es como un puñal en mi pecho. La impotencia de no poder aliviar su sufrimiento me está destrozando. Camino de un lado a otro, con las manos crispadas y el corazón martillando en mi pecho. Me siento un inútil. Daría lo que fuera por cargar con su dolor, por hacer algo más que esperar y rezar para que todo salga bien. —Está muy cerca, majestad informa Mariam tras examinarla—. Solo falta un poco más de dilatación. Debe tener paciencia. —Se está quejando demasiado. No soporto verla así. ¿No hay nada que podamos hacer para acelerar el proceso? —pregunto, con la desesperación latiendo en cada palabra. —Me temo q

