CEDRIC. Ver a mamá y papá manosearse como si no estuvieramos presentes es realmente incómodo. Sé que se aman eso esta claro y para ser sinceros me gustaría hallar una conexión así en algún momento, pero tengo diecisiete años y no me apetece precensiar su espectáculo tan bochornoso. —Espérame en mis aposentos, pequeña —dice papá con un ronroneo que más bien parece el de un gatito indefenso. Frunzo el ceño con desagrado y miro de reojo a mis hermanos menores. Kilian y Alaric están igual de asqueados que yo... La única que mantiene una expresión soñadora en el rostro es Charlotte, nuestra hermanita de siete años, el tesoro del castillo, consentida y protegida por nosotros, sus hermanos varones. —Ujum. —Carraspeo, llamando la atención de mis padres—. No deberíamos estar presenciando sus co

