—¡Mireellaaa! ¡Mi belleza, despierta! —susurró Fabrizio mientras dejaba pequeños besos en el cuello de su esposa dormida. Mirella murmuró algo y se dio la vuelta, continuando su sueño. Dennise frunció los labios, pero Fabrizio sonrió y la besó con ternura. —Mamá está cansada. ¿Qué te parece si hoy preparamos el desayuno nosotros? —sugirió. Dennise asintió con entusiasmo. Fabrizio sonrió ante su respuesta y la llevó en brazos mientras bajaban las escaleras. Una vez en la cocina, sentó a Dennise en la encimera, cruzó los brazos y se puso a pensar qué hacer. Finalmente, tomó dos huevos y los rompió con cuidado en un cuenco. Luego se lo pasó a Dennise. —Mira, cariño, vas a mezclar esto así, ¿de acuerdo? —dijo, mostrándole la batidora. Dennise, divertida, cogió el batidor y comenzó a mezcl

