—¿Q-qué haces aquí? —preguntó Mirella, sin poder ocultar su sorpresa. Rápidamente, comprendió que Giada y Alessandra la habían engañado. Todo esto era una trampa planeada por Fabrizio. Haría que esas dos le rindieran cuentas más tarde. —¡Eres hermosa para mí! —dijo Fabrizio con una sonrisa, acercándose un paso y acariciando suavemente su mejilla. Pero Mirella se apartó de inmediato. —¡Suéltame! —exclamó, alejándose hacia la puerta. —¡Giada! ¡Alessandra! —llamó, pero al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que no había nadie—. ¡Dennise! ¿También se llevaron a mi hija? —dijo con frustración. Fabrizio se acercó con calma, lo contrario a la agitación de Mirella. Sabía que ella no saltaría a sus brazos de inmediato, y lo entendía. —Se fueron para que pudiéramos estar solos, preciosa. N

