—Profesor, seré su más fiel esclava y cumpliré todos sus deseos. —El doctor Rivera quiere verte desnuda. ¿Cuándo tienes la próxima clase? —El miércoles que viene. —Entonces el martes a la noche voy a castigarte muy duro para dejar tu cuerpo muy bien marcado. Podrá tocarte las partes azotadas pero no podrá ni cogerte, ni masturbarte y tú nada de mamadas o tocar su cuerpo. Estarás para ser mirada y solamente te pase la yema de los dedos por las marcas que deje el látigo. —Muchas gracias por todo, tío. El doctor Riviera seguramente te va a envidiar. —Algo de eso ya me ha dicho y me insistió que era afortunado de esclavizarte a ti. —La afortunada soy yo de ser esclavizada por ti. Llegó el martes por la noche y Leonardo condujo a su sobrina a la Sala de Degradación. Le faltaba quitarse l

