¿Qué otra locura se te ocurre?

905 Palabras
—¿Qué otra locura se te está ocurriendo? —Quería que me tomaras unas fotos para registrar cómo quedé luego del castigo. —Me parece bien, así si tienes intenciones de repetir la experiencia, mirando las fotos, cambiarás de opinión. —Me me está saliendo el semen del culo y de la concha. Apúrate que quiero que quede registrado. Leonardo le tomó unas 20 fotos, mostrando su cuerpo desnudo, con las marcas del castigo y el esperma corriendo por sus muslos. Una vez finalizado, Alessia fue al baño y procedió a bañarse con agua fría, eliminándose los restos de semen y calmando el ardor de su piel. Le pidió a su tío que la ayudara a ponerse crema suavizante en su cuerpo, se puso el pijama y se acostó. Por su parte Leonardo se ubicó en su sillón favorito y prosiguió con la lectura de una novela de Mario Vargas Llosa. Alrededor de una hora más tarde, Alessia fue en busca de su tío. —Quería dormir, pero no puedo. Me duele el cuerpo y en un momento que creo dormité, me desperté sobresaltada. Creo que fue una pesadilla por lo que pasó esta tarde. —En ese caso, es mejor que te calmes. Te recomiendo leer algunos cuentos cortos bastante entretenidos que tengo. Tengo un libro de Guy de Maupassant, que a pesar de haber sido escritos hace más de cien años son bastante interesantes describiendo la sociedad francesa del sigo XIX. —Creo que es una buena idea, pensar en otra cosa. Luego de la cena y ante la certeza que Leonardo se iría a dormir, Alessia le formuló un pedido. —Tío, ¿no te enojas si te pido dormir contigo? Me sentiré más segura. —No tengo inconveniente, en especial si así puedes descansar mejor, que te vendrá muy bien. —Y una cosa más. Cuando me acosté a la tarde me tuve que sacar el pijama y quedarme desnuda. En la cama no aguantaba la tela. —¿Tampoco usarás bragas? —No, no soporto nada que se pegue a la piel en la cama. Y con una sonrisa su tío replicó: —Me tendré que poner un cinturón de castidad masculino para no tentarme. —¡Hay tío! ¡Las cosas que dices! —Alessia, no te hagas la inocente. ¡Las cosas que heces! —Es que no estoy en condiciones de coger. Cuando se me pasen los dolores, te dejaré hacerlo. —Mejor vamos a dormir y no prosigamos esta conversación. Fueron al dormitorio, Alessia se desnudó completamente y se metió en la cama, buscando el cuerpo de su tío. —Déjame estar cerca de ti, así estoy más tranquila, sabiendo que estás a mi lado. —Sin embargo he sido yo mismo el que te azotó y te violó, incluso por el culo, desvirgándote tanto de adelante como de atrás. —Yo te había pedido que me violaras. ¿Puedes abrazarme aunque sea un ratito? Leonardo se acomodó y abrazó a su sobrina que se acurrucó en su pecho. La excitación de Leonardo se hizo notable. A pesar de ser su sobrina y haberla mirado hasta esa mañana de una manera, no podía evitar verla ahora de otra forma. Comenzó a acariciar con suavidad la espalda y el culo. —Me hacen bien esas caricias. Me calman el dolor. Alessia alargó su mano hasta encontrar la pija de su tío y la tomó con sus manos. —La tienes dura. ¿Te has calentado? —Alessia, no se tiene todos los días a una muchacha en bolas en la cama, aunque no la pueda coger. ¡Está desnuda y en la cama! —¿Quieres que te la mame? No te ofrezco la concha porque creo que no puedo, pero con la boca puedo hacerte correr. —¿Qué tan buena eres con la mamada? —No lo sé, nunca lo hice. ¿Me guías cómo hacer para que te corras? —¡Joder Alessia! En lugar de hacerlo con los labios vaginales, lo haces con los labios de la boca y te ayudas con las manos. —¿Te vas correr en mi boca? —Como tú quieras. Puedo avisarte cuando se me viene. —No, córrete en mi boca. Quiero sentir la sensación de tener el semen en la boca y luego tragarlo. —Alessia, me parece que eres un poco puta. —Y… sí. Soy un poco puta. No hablo más y dedicaré mi boca a hacer mi trabajo. Se puso la pija en la boca y comenzó el movimiento de entrada y salida mientras la lengua también acariciaba el glande. En esos momentos olvidó el dolor de los azotes y se concentró en la mamada. No quería perder detalle de lo que ocurría. A pesar de su inexperiencia se desenvolvía muy bien y poco después dos chorros de semen llenaban su boca. Apretó los labios mientras retiraba la pija de su boca. No quería perder ni una gota del precioso líquido. Lo saboreó y luego lo tragó en su totalidad. —Al principio creí que me daría asco tragarlo, pero no tiene mal sabor. Me ha gustado chupártela tío. —Pues a mí también me ha gustado como lo has hecho. Vamos a lavarnos. Yo, la pija y tú, la boca. Volvieron a la cama y durante un rato Alessia apoyó su cabeza sobre el pecho de Leonardo. Luego quedaron dormidos.
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