Lilah Cuando no pude seguir mirando la puerta esperando a que Darian regresara, saqué el teléfono y le escribí a Aubrey. Cualquier cosa para distraerme. Yo: —¿Cómo está el bebé? Aubrey: —Sigue siendo campeón olímpico del llanto. Dios santo, ojalá pronto se calme. Fuera de eso, es una máquina adorable, hambrienta y muy cagadora. Y yo soy una mamá muy cansada y muy enamorada. Yo: —¡Ay! Necesito abrazarlo pronto. Aubrey: —Estoy en casa una semana más. Ven cuando quieras, ya lo sabes. Yo: —Tu licencia de maternidad se pasó volando, amiga. Aubrey: —Para ti. No para mí. Jajaja. Yo: —Ja, cierto. Aubrey: —¿Cómo va la búsqueda de trabajo? Yo: —A toda marcha. Estoy segura de que esta semana tendré algo. He aplicado en todos lados. Alguien tiene que estar contratando. Aubrey: —Co

