Clara estaba feliz. Unos días después de su conversación con Davy, había decidido vender ropa por internet. No se sentía preparada para salir a trabajar, pero algo debía hacer. Claro que no llevaba a domicilio, los clientes iban a buscar la ropa a su casa. Así, se sentía más segura. Llevaba varios días haciéndolo y le había ido bastante bien. ―Hoy van a venir a buscar unos pantalones, mami, dijo una de las niñas que va a venir como a las cinco y la otra va a venir a las ocho, después de su trabajo, vive aquí cerquita, frente a la plaza. ―Qué bueno, te ha ido bien con eso. ―Sí, estoy feliz. No es tanto lo que vendo, pero igual tengo algo que hacer y un poco de plata para no pedirles todo a ustedes. ―Hija, sabes que eso no es problema, no nos molesta. ―Sí, pero de repente el papá se

