Soledad entró las bolsas, guardó el automóvil y entró a la cabaña. Se tiró a la cama y lloró por largo rato. No debió aceptar ese café, todos los recuerdos volvieron con más fuerza, lo amaba, lo seguía amando y a ratos descubría en él esa mirada de amor. Tanto, que pensó que la había reconocido, pero no, de haberlo hecho, se lo hubiera dicho. Quizá pensaba que era otra mujer y le había gustado. ¿Cuántas mujeres habría tenido en esos años? Diego no era mujeriego, pero tampoco creía que iba a estar solo todo ese tiempo. Quizás ella era solo una más, y sintió celos de sí misma, porque ella ya no era Alicia y a Diego le gustó ella, Soledad Riquelme, una mujer diferente, una muy distinta. Luego de calmarse, abrió una lata de fideos y la calentó en la pequeña estufa a gas que tenía. Debía tene

