Ya se le habían acabado las provisiones a Soledad, debía ir a comprar. Decidió ir a comprar al supermercado más cercano, que quedaba en un centro comercial en el sector sur de la ciudad. Compró todo lo que necesitaba, sin contratiempos. Bajó al estacionamiento, estaba sacando las llaves de su cartera, cuando un automóvil que iba saliendo la golpeó en la pierna. El hombre se bajó de inmediato. Ella no reaccionó. Era Diego. ―Perdón, señorita, no la vi, lo siento, le hice daño. ¿Señorita? ―La tomó del brazo con suavidad. ―No, no, apenas fue un topón ―respondió ella y lo miró a los ojos. Los recuerdos se agolparon en su mente, sus manos seguían provocándole estremecimientos que le llegaban al alma… Y al cuerpo. ―¿Segura? Está a punto de llorar. ―No, no, solo fue el susto, perdón. Yo

