Soledad abrió los ojos. Entraba el sol por la ventana. Se sorprendió, pues por la noche había dejado todo cerrado. Llevaba más de dos semanas allí y nunca se le había olvidado cerrar la ventana de madera que hermetizaba los cristales. Dudaba en si acaso lo olvidó el día anterior o si alguien había entrado a la cabaña. Sacudió su cabeza, eso era imposible, habría escuchado algo, se hubiera despertado. Se levantó sigilosa y miró hacia afuera por entre la cortina. No se veía a nadie. Abrió la puerta del baño, nada, todo en orden. Salió a la otra habitación, que oficiaba de cocina, comedor y sala, tampoco había nada extraño, incluso la puerta estaba cerrada. Se relajó, quizá sí había olvidado cerrar. Debía ir a la ciudad a comprar algunas cosas, desde la conversación con Patricio, no había

