Autor. Cuando Seraf dirigió la mirada hacia su cama, vio a su hijo despierto, la mujer corrió a él —Yo sabía, yo sabía que no podías estar muerto, yo lo sabía. Mi bebé, mi hijo adorado—, acariciaba el rostro de un Kerem que se encontraba con la mirada fija en el tejado. No podía mover su cuerpo, no podía hablar ni siquiera podía mover su rostro, dirigirlo a su madre o el doctor que se encontraba a su lado. Quería preguntar, quería saber si lo que había escuchado era real, que su Ellyün se había casado, que ella lo había abandonado en verdad, que todo el sueño que estaba teniendo era cierto. Kerem gritó en sus adentros, maldecía no poder hacer lo que hacía antes, maldecía estar como un ser inerte que no podía moverse —Kerem ¿Me escuchas? —, cómo iba a responderle que si, cómo hacerle v

