La mañana es iluminada por los rayos del sol. El cielo se ve despejado pues las últimas lluvias han refrescado y limpiado el aire incluyendo toda la naturaleza que resalta sus hermosos colores. Ahora el ambiente es fresco y con un aroma que llegan las fosas nasales de la doctora que acaba de salir de la sala de junta. Los enormes ventanales de cristal laminado llenan de una hermosa y calidad luz el pasillo que muestra el camino de la mujer que sale con el corazón compungido. Ella lanza un suspiro antes de cerrar la puerta para decir de una forma adiós a una etapa de su vida que ha sido muy dura y sobre todo dolorosa. Íngrid Ballesta sale con pasos lentos y camina con la cabeza enterrada por el lujoso pasillo de la empresa Vitalcar. Estar presente en aquella reunión solo le re

