La mañana está bastante oscura debido a los nubarrones que cargan el cielo de agua. Al igual se siente el corazón de la joven Andrea que baja del auto al llegar a la empresa Vitalcar. Lentamente saca su pie del auto con sus hombres de seguridad y la atiende con respeto. Estas acciones la llenan de sentimiento, porque durante días fue tratada como la esposa del jefe y así mismo ella se sintió. Su ojos se inundan de lágrimas, pero estas son represadas y traga con fuerza para no llorar. Ninguno se fija que ella y sus hombres son vigilados por un par de ojos que no pierden rastro alguno de ella. Caminó con paso rápido hacia la oficina de Leandro y al no encontrarlo lo llamo. —Buenos días, Leandro— le saludo— necesito hablar contigo. Es urgente. El abogado le dijo que pronto bajaba. —¡And

