Leandro se sentó en un sillón que había en la habitación y en silencio observa a la joven que cuida con dedicación al paciente. Mira sus cabellos recogidos en un elaborado moño alto y sus ojos violetas brillan con intensidad. Es realmente hermosa, para cualquier hombre ella sería una gran tentación. Suspiro preocupado. Se rasco la barba que comenzaba a salir. Tanto días de correr de aquí para allá no le daba ni tiempo de ir a su apartamento. Ya iba a ser la hora del almuerzo y quería llevarla almorzar para poder explicarle lo que debían hacer. —Andrea— dijo y espero que ella le prestara atención— necesitamos hablar. Ella lo miro y sus ojos lo sentenciaron. —Yo no tengo nada de qué hablar con usted— le dijo cortante— y eso lo de esposa de este señor lo van arreglando. Yo no soy la esp

