Andrea da vueltas y vueltas en la cama debido a la pesadilla. Su cuerpo tenso trata de agarrar una mano que se extiende ante ella. La agonía es suprema, la consume por no poder agarrar y salvar a la persona que cae al gran abismo oscuro. —Yo te ayudo— gime con dolor— dame la mano. Los gritos son escuchados por la tía Carola que pasa en ese momento por la puerta de la joven y correr hacia la habitación. —Niña, niña— la toma por los hombros y la zarandea— despierta. Ella está preocupada por oírla nuevamente. Lleva varias noches en la misma agonía. La joven atolondrada por el mal sueño abre los ojos muy lentamente. —¿Tía? — gime y llora— ¿Que me está pasando? La tía la abraza con angustia. —Ya está bueno de tanto dolor— argumenta la madre – mañana mismo vas a consulta con Augusto

