Me despierto unas horas después con cabello pegado en la cara y la boca lo suficientemente abierta para dejar salir un ronquido que me asusta al despertar. Me siento erguida y me limpio el costado de la boca. Con una mirada rápida por la ventana, puedo decir que está amaneciendo de nuevo. Dormí todo el día y toda la noche. Me levanto y me estiro, y tiro de la cadena junto a la cama para llamar a una criada. Una aparece a los minutos con un suave toquido en mi puerta. Ella tiene crisantemos creciendo en su cabello, y de inmediato me hace pensar en mi amiga, Mossie. —Buenos días —me saluda con una reverencia. —Hola, soy Emelle —digo, invitándola a entrar. —Soy Primmy, y es encantador servir a la persona que salvo a nuestra princesa. Me encojo ante la seriedad de su voz y escondo mis

