—Gracias por ayudar a rescatarme, Emelle. Eres demasiado buena para este reino. Más de lo que te das cuenta. Trato de darle una sonrisa. —Soy tu espía. Cuido tu espalda —le prometo. —Lo siento mucho acerca de Okot. —Yo también —digo. Deja caer las manos, y con un asentimiento de despedida, sale de la habitación. Respiro temblorosamente y me giró expectante hacia Zalit. —Entonces, ¿dónde estamos exactamente? —Esta isla es nuestro hogar. Ha estado en nuestra familia por generaciones. Está a unas treinta islas al norte de Highvale, la isla del reino. —Mmm. Dobla el brazo y lo sostiene hacia mí. —¿Me permite acompañarla a su habitación? La mansión puede parecer un laberinto si no estas acostumbrado a ella. —¿Un laberinto? ¿Qué tan grande es este lugar? —pregunto mientra

