Me levanto y miro alrededor de la oficina de manera salvaje. —Dios mío, no hice puf. Salto arriba y abajo emocionada. —No, pero parece que tu superior si lo hizo —dice Raziel, con el ceño fruncido. Sigo su mirada y miro el extraño contorno del cuerpo rosado en el suelo justo donde Seedy estaba acostado momentos antes. Parpadeo repetidamente al espacio mientras la realización une las piezas, tuve que presionar el botón de terminado antes que él. —Bueno, eso fue suerte. Suerte es una señorita esta noche, perras. —Terminaste a el Jefe de los Celestinas —señala Raziel secamente. Hago una mueca. —Ups. El demonio levanta una ceja. —Dices eso un montón. Levanto el botón de despido del suelo y lo coloco con cautela sobre la mesa. Cuando lo hago, noto que el símbolo del co

