III-3

1024 Palabras

— Vamos a ver a Milita—decía.—Esta noche no tiene teatro. En su aislamiento, lo único que le ligaba al mundo exterior, era el ansia de ver a su hija, de hablarla, como si la amase con nuevo cariño. Era carne de su Josefina; había vivido en sus entrañas. Tenía la salud y el vigor de él, nada en su exterior recordaba a la otra; pero su sexo ligábala estrechamente a la imagen adorada de la madre. Oía a su Milita en un éxtasis sonriente, agradeciendo el interés que mostraba por su salud. — ¿Estás enfermo, papaíto? Te encuentro desmejorado. Tienes una mirada que no me gusta... Trabajas mucho. Pero él la tranquilizaba moviendo sus fuertes brazos, hinchando su pecho vigoroso. Nunca se había sentido mejor. Y se enteraba, con una minuciosidad de abuelo bondadoso, de los pequeños disgustos de

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