III-2

2107 Palabras

Le pedía perdón de vivir, de sentirse vigoroso y joven todavía, de amarla sin realidad, con loca esperanza, cuando la había dejado partir indiferente y frío, con el pensamiento en otra mujer, esperando su muerte con el más criminal de los anhelos. ¡Miserable! ¡Y él estaba en pie! ¡Y ella, la buena, la dulce, oculta para siempre; perdida y deshecha en las entrañas de la eterna insaciable!... Lloraba: lloraba, por fin, con esas lágrimas cálidas y sinceras que atraen el perdón. Era el llanto por tanto tiempo deseado. Ahora sentía que los dos se aproximaban, que estaban casi juntos, que sólo les separaba una lámina de mármol y alguna tierra. Veía con la imaginación sus pobres restos, los huesos tal vez cubiertos por la podredumbre epílogo de una vida, y los amaba, los adoraba con una pasión s

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR