III-1

2049 Palabras

III Una mañana el maestro llamó con gran urgencia a Cotoner, y éste se presentó, mostrándose alarmado por los términos del aviso. — No es nada grave—dijo Renovales.—Necesito que me digas dónde fué enterrada Josefina. Quiero verla. Era un deseo que se había formado lentamente en su pensamiento durante varias noches; un capricho de las interminables horas de insomnio que arrastraba en la obscuridad. Hacía más de una semana que se había trasladado al dormitorio grande, escogiendo entre la ropa de cama, con una minuciosidad que asombró a la servidumbre, las sábanas más usadas, las que evocaban con sus bordados los antiguos recuerdos. No encontró en estos lienzos aquel perfume de los armarios que tanto le perturbaba; pero algo había en ellos, la ilusión, la certeza de que su tejido había r

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