I

3280 Palabras

I Al llegar la primavera, López de Sosa, el intrépido sportman , según le llamaba Cotoner, presentábase todas las tardes en el hotel de Renovales. Fuera de la verja quedaba el automóvil de cuarenta caballos, su última adquisición, de la que hablaba con orgullo; un vehículo enorme, charolado de verde, que avanzaba y retrocedía bajo la mano del chófer, mientras el dueño cruzaba el jardín de la casa del pintor. Renovales le veía entrar en su estudio, vestido de azul, con una gorra de visera brillante sobre los ojos, afectando el aire resuelto de un marino ó de un explorador. — Buenas tardes, don Mariano. Vengo por las señoras. Y bajaba Milita envuelta hasta los pies en un gabán gris, cubriendo su cabellera con una gorra blanca, en torno de la cual se arrollaba el largo

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