Capítulo 4

2139 Palabras
Shine, caminaba con cautela hacia el lugar donde se encontraban las concubinas del rey y con cierta timidez se sentó a su lado, al menos María era una mujer bastante agradable. A pesar de su apariencia juvenil, con una cara de niña y unos ojos azules grandes y expresivos, ella sabía que debía mantenerse firme frente a cualquier adversidad que pudiera encontrar en ese lugar. Su piel blanca y su largo cabello cobrizo le daban un aire de pureza y elegancia, cosa que no pasó desapercibida para las otras mujeres. Al llegar al sitio, Shine se sentó junto a las concubinas, entre ellas Sasha, la líder y favorita del rey. Sasha poseía una melena larga y negra que contrastaba con su piel canela y sus ojos oscuros, los cuales le brindaban una mirada penetrante. Sin embargo, no era su belleza lo que destacaba en ese momento, sino su actitud provocativa y burlona hacia la joven pelirroja. Sasha, con una sonrisa maliciosa en el rostro, comenzó a lanzar dardos verbales contra Shine, desestimándola y menospreciándola sin piedad. —¿Crees que serás algo más que un simple objeto desechable para el rey? —Le espetó, condescendiente. —No tienes la gracia ni la experiencia necesaria para ser importante en este lugar. Pronto serás olvidada. Shine, con sus ojos azules inundados de confusión la miró fijamente, no permitió que las palabras hirientes de Sasha la afectaran. A pesar de su aspecto tierno, tenía una fortaleza interior que se había forjado a lo largo de años tras años de maltrato por parte de su madrastra y Roy, el bastardo de su padre. Sabía que no debía dejarse pisotear por nadie, mucho menos ahora que estaba en un ambiente hostil como aquel. Con una sonrisa serena en sus labios, Shine miró fijamente a Sasha y respondió con voz calmada pero llena de seguridad. —Puede que aún sea joven y me falte experiencia, pero estoy dispuesta a aprender y superarme. No seré un simple objeto desechable, sino alguien que luchará por su propio destino. Escúchame bien, en unos años todo este majestuoso reino será mío y tú, maldita víbora, deberás tragar tu propio veneno. El brillo en los ojos de Shine no pasó desapercibido para Sasha, quien sintió una pizca de admiración mezclada con una ligera amenaza. Aquella chica, con su apariencia inocente pero su determinación sin igual, comenzaba a despertar algo más en el corazón de Sasha, siempre se sintió segura, no importaba cuántas mujeres el rey trajera, siempre ella era la elegida, sin embargo, por primera vez en mucho tiempo veía competencia. —No seas ridícula, niñita, la que deberá tragas sus palabras eres tú, cuando dentro de poco me convierta en la flamante reino de todo este imperio. —Ante las palabras de Sasha, las otras mujeres rieron discretamente. —Será mejor que entremos Shine. —Dijo María, al momento que tomaba el brazo de la pelirroja y comenzaba a empujarla hacia el área de las habitaciones. María conocía el carácter de Sasha y como jefa tenía todo el derecho de aplicar un castigo en la recién llegada. —Vamos a mi cuarto, así podemos platicar más a gusto. —Se adentraron en su lujosa habitación y finalmente soltó el brazo de Shine. —Sasha es una mujer demasiado pedante, te aconsejo no meterte con ella Shine, no busques problemas, no es nada agradable ser azotada por el rey. —Lo lamento, no fue mi intención ocasionar problemas. —Se sienta en la cama mientras observa la elegante decoración de la habitación. —Por cierto, gracias por sacarme de ahí. —No fue nada —esbozó una sonrisita cómplice mientras llevaba un mechón de su castaño cabello tras su oreja. —Hacia falta que alguien la pusiera en su lugar. Ambas jóvenes rien, María le contó de su vida, del tiempo que llevaba en el castillo, de sus gustos y temores. Shine habló poco de si misma, honestamente no había mucho que mereciera ser contado. Por lo que decidió cambiar el tema y hacer preguntas que comenzaban a rondar por su mente. —¿Qué tal es el rey? ¿Acaso no tiene esposa? —No deberíamos hablar de esto, pero de todos modos lo haré... El rey es un hombre rudo, cruel, no le importan las emociones de los demás, solo su propio placer. —Se sentó junto a Shine. —En la cama es una maldita bestia, al principio cuesta adaptarse pero con el tiempo logras sobrellevar las cosas... Si no fuera por el príncipe Kael, esto sería un maldito infierno. —¿Ese tal Kael, es su hijo? —A cada palabra que salía de la boca de María, Shine se sentía más aterrada aún. —Si, es su único hijo. El príncipe es el as bajo la manga del rey, gracias al príncipe Kael gana todas sus batallas, su poder es inmenso e incontrolable... —Dejó escapar un suspiro, —pese a la cruel vida a la cual el príncipe fue condenado, es una maravillosa persona. —Al menos el hijo es mejor que el padre. —Le dedicó una sonrisa traviesa a su nueva amiga. Maria la miró y se dejó contagiar por la melodiosa risa de Shine. °°°°°°°°°°°°°°°° El príncipe Kael, junto a sus tres caballeros de confianza, llegaron al imponente castillo. Su figura denotaba un cansancio profundo, su ropa estaba cubierta de sangre y su mirada perdida reflejaba el peso de sus acciones. En la última batalla por las tierras de Negobia, había perdido a casi todos sus soldados, y para empeorar las cosas, por orden de su propio padre, se vio obligado a exterminar a los habitantes de esa hermosa ciudad. Personas inocentes que no habían hecho daño alguno. La culpa y el peso de su destino lo agobiaban. Kael estaba cansado de ser solo un asesino a disposición del rey para obtener más poder, el rey jamás lo vió como si hijo, para Frederick siempre fue solo un arma letal a su disposición. Caminando con pasos torpes, descendió de su caballo y se encaminó hacia la cámara real. Era hora de informar al rey Frederick sobre las novedades. Al entrar en la cámara, el ambiente estaba cargado de tensión. El rey, un hombre severo y autoritario, esperaba en su trono con un gesto serio. Al ver al príncipe ensangrentado y desgastado, no pudo contener su ira y caminó hacia él. Sin mediar palabra, Frederick dio un puñetazo al príncipe Kael, castigando su petición de tantos soldados perdidos en la última batalla. Kael recibió el golpe, pero su mirada no mostró miedo ni dolor, sino una mezcla de tristeza y resignación. Sabía que no había escapatoria de la violencia y el derramamiento de sangre, mucho menos de los brutales castigos de su padre. —Padre, lo siento, pero no podía permitir que más vidas inocentes cayeran —dijo Kael con voz firme, tratando de justificar sus acciones. El rey Frederick, visiblemente furioso, aunque conteniendo su ira, respondió con dureza. —No estás aquí para tomar decisiones, sino para cumplir mis órdenes. Eres el príncipe heredero de este reino y debes acatar mi voluntad sin cuestionamiento. ¿Te queda claro? —Enredó sus gruesos dedos en el cabello platinado del joven jalando este con fuerza. —Si, padre... —Susurró bajito, en ese momento Frederick soltó su cabello con desprecio. Kael inclinó la cabeza en señal de sumisión, pero en su interior ardía la rebeldía. Sentía que su destino estaba sellado, pero no podía dejar de cuestionarse si había una manera de escapar de la espiral de violencia en la que había caído, una manera de recuperar su humanidad perdida. Era tan solo un niño cuando su padre decidió enviarlo a la guerra, aprovechándose de su gran magia. Mientras se encontraba en silencio, el rey Frederick prosiguió con su discurso. —Tu incompetencia ha llevado a la muerte a muchos de nuestros soldados y a la destrucción de una ciudad floreciente. ¿Cuándo aprenderás a pensar estratégicamente? ¡Eres tan jodidamente sentimental que me asqueas! El príncipe Kael alzó la mirada, con los ojos llenos de rabia contenida. —Padre, no puedo alojar más muertes en mi conciencia. No puedo aceptar ser tu marioneta en esta lucha por el poder. Hay que buscar una solución pacífica, una forma de evitar más derramamiento de sangre... Creo que ya es suficiente, eres dueño de casi todo. ¿Qué más quieres? El rey Frederick soltó una risa burlona. —¿Pacifismo? Eso demuestra la debilidad de tu carácter. Un príncipe debe ser fuerte y estar dispuesto a hacer lo que sea necesario para asegurar el control y la prosperidad de su reino. ¿Qué quiero? Lo quiero todo, Kael. —Pero, padre, ¿a qué precio? ¿Acaso no valoramos la vida y la paz más que cualquier trono o riqueza? —Busca la mirada del mayor sintiéndose ansioso y angustiado. Frederick frunció el ceño, evaluando las palabras de su hijo. Por un momento, pareció reflexionar sobre ellas, pero luego de unos segundos, negó con la cabeza. —No llegará el día en que perdamos nuestra posición en el trono por debilidad. No puedes cambiar mi forma de pensar, Kael. Eres mi heredero y te exijo lealtad absoluta. Kael suspiró resignado, sabiendo que no podría cambiar a su padre con argumentos. Sin embargo, en su interior, la llama de la esperanza aún brillaba. Aunque su alma estuviera atrapada en un ciclo de violencia y poder, no renunciaría a encontrar una forma de liberarse y encontrar su verdadero destino. Así, guardando sus pensamientos para sí mismo, el príncipe Kael permaneció en silencio mientras su padre continuaba hablando sobre las decisiones estratégicas que se debían tomar para seguir expandiendo su reino. —Por cierto, tengo una nueva adquisiciones. —Una lasciva sonrisa se plasmó en su rostro. —¿Una nueva concubina? ¿Hasta cuando seguirás trayendo mujeres, padre? —Dejó escapar un suspiro cansado, la derrota reflejada en su juvenil pero masculino rostro. —No, está no será una concubina, esta mujer será mi reina. Pienso contraer matrimonio dentro de quince días, en ese momento la coronaré como mi reina. Mientras tanto me gustaría que a partir de mañana comiences a educarla en la magia, siento en ella una energía poderosa y en el futuro podría sernos de mucha utilidad. —Avanzó decidido hasta su trono y se sentó elegantemente en el. —Como órdenes, padre. —Hizo una leve reverencia y abandonó la cámara real. Se sentía completamente asqueado con el comportamiento de su padre. Cegado por la curiosidad de saber quién era la mujer que había cautivado la ambición de su padre, decidió encaminarse hasta el área de las concubinas. Escondido entre los matorrales observó todo a su alrededor, vió las mismas caras de siempre, sintiéndose se algún modo desilusionado. De pronto, la vió junto a María. El príncipe Kael se sentía intrigado al espiar entre los arbustos a las concubinas de su padre. Una mezcla de curiosidad y culpa invadía su mente, pero algo en él le impulsaba a continuar observando en silencio. Entre todas las mujeres que se encontraban allí, sus ojos se posaron en ella, una chica pelirroja de piel blanca y una figura delicada. A medida que la contemplaba, el corazón del príncipe comenzó a latir con fuerza. La belleza natural de aquella joven era asombrosa, pero había algo más en ella que le atraía profundamente. Era como si su cálida energía invadiera su ser, transmitiéndole una sensación de calor y bienestar. Cada rizo de su cabello parecía cobrar vida propia, cayendo en alocados rizos que la hacían lucir salvaje y, a la vez, increíblemente hermosa. El príncipe se sentía magnetizado por su apariencia, por cada gesto delicado que hacía al hablar o al moverse. La emoción que inundaba al príncipe Kael era difícil de describir. Era una mezcla de fascinación, deseo y un fuerte anhelo por conocer más acerca de aquella joven enigmática. Su corazón latía con tal intensidad que pensó que saldría disparado de su pecho. Sin embargo, junto con esta admiración y atracción, el príncipe también experimentaba una sensación de temor. Sabía que sus acciones eran incorrectas y que se adentraba en un territorio peligroso. El conflicto interno que vivía se mezclaba con el deseo de conocerla mejor y el miedo a las consecuencias de sus actos. En ese momento, el príncipe Kael comprendió que había despertado en él un fuego desconocido hasta entonces. Un fuego que amenazaba con consumirlo todo, incluyendo su lealtad hacia su padre y su posición en la sociedad. Atrapado entre el deber y el corazón, el príncipe se vio obligado a enfrentarse a una encrucijada emocional que le haría cuestionar todo lo que había conocido hasta ese momento.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR