El rey Frederick se adentró en su habitación con paso cansado, sintiendo el peso de sus responsabilidades sobre los hombros. Su esposa Sasha lo esperaba pacientemente en la cama, con poca ropa y perfectamente maquillada observándolo con una mirada llena de sensualidad y erotismo, la cual pronto se transformó en preocupación.
Ignorando su presencia, Frederick se dejó caer pesadamente en la cama, sin siquiera dirigirle una mirada. Pero Sasha no se dió por vencida y decidió acercarse, acariciando suavemente el pecho del rey mientras le preguntaba con voz dulce y preocupada:
—Mi amor, ¿qué te sucede? Estás distante y sombrío esta noche. —Dejó un húmedo beso en la pronunciada manzana de Adán de su esposo.
Frederick suspiró profundamente, sintiendo cómo la ansiedad se apoderaba de su pecho. Finalmente, decidió responder a la pregunta de su esposa. Relató, con pesar en su voz, la exagerada reacción del príncipe Kael al descubrir la impactante verdad: él había sido el responsable de aniquilar al diminuto pueblo de pacifistas.
—Sasha, no puedes imaginar lo que viví hoy. El príncipe Kael descubrió mi secreto, descubrió que fui yo quien ordenó la desaparición del pueblo de pacifistas. Su expresión de horror y decepción no tiene comparación. Me siento tan molesto, él muy infeliz se atreve a juzgarme como si mis manos estuvieran manchadas de sangre, el único asesino despiadado es él...
Sasha escuchó atentamente las palabras de su esposo, su rostro reflejando comprensión y empatía. Ella sabía que Frederick era un rey despiadado y cruel, que había tomado una decisión difícil en busca del bienestar de su reino. Pero también entendía el peso moral que esto suponía para él, por que no creía posible que aquel hombre no sintiera ni una pizca de empatía por sus víctimas.
—Mi amado rey —susurró Sasha con ternura, —no debes cargar solo con este peso en tu conciencia. Tu lealtad a nuestro pueblo y tu compromiso con la seguridad del reino te llevaron a tomar esa decisión. Sé que fue difícil, pero era necesario para proteger a nuestra gente. Tus manos están manchadas, sí, pero de valentía y sacrificio. —La mujer lo acunó entre sus brazos y él se dejó mimar por la morena. —Perdona mi atrevimiento mi rey, pero el príncipe Kael no era así antes... Aquella chiquilla le ha dado vuelta la cabeza y él se olvidó de donde está su lealtad, de algún modo debe recordarle al príncipe con quién le conviene estar.
Los ojos del rey Frederick se encontraron con los de Sasha, encontrando en ellos un amor inquebrantable y unas ansias de poder exactamente iguales a las de él. Lentamente, una sonrisa apareció en sus labios, aunque llena de satisfacción.
—Gracias, mi amada Sasha. Tus palabras me reconfortan más de lo que puedes imaginar. Me duele que mis acciones hayan causado tanto sufrimiento, pero sé que siempre estarás a mi lado, apoyándome en cada paso que dé, además, hago lo estrictamente necesario para mantener el poderío que tanto costó adquirir... Tienes razón con respecto a Kael y Shine, mañana a primera hora tomaré medidas.
Sasha asintió con una sonrisa gentil en su rostro, acercando su cuerpo al de su esposo y envolviéndolo en un abrazo cálido y reconfortante.
—Nunca te abandonaré, mi rey. Juntos encontraremos la manera de enmendar los errores y construir un futuro mejor para nuestro reino. Siempre estaré aquí para ti, para amarte y apoyarte en cada batalla que enfrentemos juntos.
Frederick cerró los ojos, sintiendo el amor y la fortaleza de Sasha a su alrededor. Sabía que con ella a su lado, podía encontrar soluciones que él no era capaz de encontrar por si solo. Juntos, enfrentarían los desafíos que les esperaban y construirían un reino donde la justicia y el poder prevalecerían.
•••
Kael entró en la habitación de Shine con el paso lento y los hombros caídos. Su rostro estaba sombrío y cansado, reflejo de la discusión que había tenido con su padre, el rey. Shine dejó lo que estaba haciendo en ese momento y corrió hacia él, envolviéndolo entre sus delgados brazos. Lo llevó hasta la cama y lo acunó entre sus brazos, ofreciéndole consuelo.
—Estoy tan preocupado, Shine —susurró Kael con voz perezosa, y su mirada se perdió en algún punto de la habitación. —Discutí fuertemente con mi padre y sé que mi actuar tendrá graves consecuencias. Pero no pude callar ante tanta injusticia, esas personas que mandó a aniquilar eran inocentes, no molestaban ni hacían daño a nadie...
Shine acarició con ternura la mejilla de Kael y lo atrajo más hacia ella, sintiéndolo cerca de su propio corazón, derritiéndose ante el aroma masculino del príncipe. Dios, lo amaba tanto que incluso en ocasiones dolía amar con tal intensidad.
—No importa qué pase, Kael —dijo ella dulcemente, con determinación en sus ojos. —Estaré contigo en todo momento. Te amo y puedo enfrentar cualquier cosa por verte sonreír. Sabes que soy capaz de quemar el mundo entero con tal de obtener tu felicidad...
Kael la miró sorprendido, encontrando consuelo en sus palabras y gestos amorosos. No había conocido a nadie que se preocupara tanto por él como ella lo hacía. Shine lograba sanar las heridas de su pasado, aquellas heridas que su propio padre creó en su alma a base de torturas.
—Shine... —Murmuró emocionado y sus labios dibujaron una tímida sonrisa. —No merezco que te arriesgues por mí, pero no puedo vivir sin ti. Eres el ege de mi universo, Shine...
La pelirroja acercó sus labios a la frente de Kael y depositó suavemente un beso, llenándolo de seguridad y esperanza.
—Nunca pienses eso, Kael. Eres lo más valioso en mi vida. Juntos podemos superar cualquier obstáculo. Estoy dispuesta a quemar el mundo entero con tal de verte feliz y eso lo sabes.
Kael suspiró, sintiendo el amor de Shine envolverlo por completo, dándole la fuerza para enfrentar lo que sea que estuviera por venir. Juntos, superarían cualquier adversidad, sin importar las consecuencias. Ella estaba a su lado y era quien le daba la fuerza para continuar en aquel maldito infierno, un día lo lograría, en algún momento él sería el rey y la tiranía que su padre sembró se acabaría de una maldita vez.
—No quiero verte triste, quizás tu padre no haga nada. Frederick es un hombre impulsivo y si quisiera tomar represalias lo abría hecho en el momento. ¿No crees? —Comenzó a juguetear con el sedozo y desordenado cabello del príncipe.
—Tienes razón... —Pegó su cuerpo al de ella y comenzó a repartir húmedos besos en su cuello.
El príncipe Kael y Shine se encontraban recostados en un suave lecho, envueltos en una atmósfera de pasión y deseo. Con delicadeza, Kael posó sus labios sobre el esbelto cuello de la pelirroja, sintiendo cómo su piel se erizaba ante aquel contacto. Sus manos, hábiles y cariñosas, comenzaron a deslizarse por encima del vestido de la pelirroja, dejando un rastro de fuego a su paso. Ella se arqueaba y retorció ante cada caricia.
Shine se dejaba llevar por la intensidad del momento, dejando escapar suaves suspiros mientras Kael exploraba cada centímetro de su cuerpo con sus besos. Cada peca de su pecho y de su espalda era atendida con devoción y pasión, convirtiendo a aquella noche en un instante inolvidable. Sus manos ansiosas se deshicieron del vestido de la joven para luego deshacerse de su propia ropa, disfrutando del contacto piel con piel.
Entre caricias y susurros de amor, Shine se sentía derretirse entre los brazos de su príncipe. Cada gesto, cada contacto, generaba una conexión profunda y ardiente entre ellos. El mundo exterior desaparecía, dejando solo espacio para el fuego que se encendía en cada uno de sus cuerpos.
El tiempo parecía detenerse mientras el amor florecía con cada beso y cada roce. Kael y Shine se entregaban el uno al otro sin reservas, compartiendo un vínculo único e indescriptible. En ese momento, sus corazones latían al unísono, fundiéndose en una danza de pasión y entrega mutua.
Aquella noche, el príncipe Kael y su amada Shine descubrieron en el calor del deseo el poder de su amor, sellando un pacto eterno entre sus almas. Juntos, se adentraron en un universo de sensaciones y sentimientos, donde solo existían ellos dos, entrelazados en un inmenso abrazo que trascendía las barreras del tiempo y el espacio. Jamás imaginaron, que aquella sería la última vez que estarían juntos, por que Frederick no perdonaba y mientras ellos se entregaban al amor, el rey maquina un siniestro plan para acabar con su amor, por que Shine era poderosas, pero la joven era rebelde, en cambio, Kael era mucho más sencillo de controlar.
Frederick no contó con que Shine convenciera a Kael de partir, pero esta vez muy lejos, donde el rey no pudiera encontrarlos. Kael la amaba y no quería alejarse de ella, ya había sacrificado mucho por complacer a su padre y no estaba dispuesto a sacrificar más.
Cuando la noche calló, ambos se marcharon silenciosamente sin alertar a nadie, montaron sus caballos y se perdieron entre las tinieblas de la noche con la esperanza de una vida mejor, de una vida en libertad y llena de amor. Para cuando Frederick descubrió que habían huido, era demasiado tarde, ya no podía mandarlos a perseguir, Shine era demasiado poderosa para enfrentar.
Sin Kael y sin Shine, el poder que Frederick alcanzó se derrumbó como lo hace un castillo de arena. El rey obtuvo tantos enemigos que murió en mano de ellos, al igual que Sasha, su ambiciosa esposa. Con el paso del tiempo un guardia real encontró a Kael y le informó lo sucedido, el joven príncipe junto a Shine regresaron para gobernar con justicia y sabiduría. Ambos levantaron a su pueblo y trajeron la paz, su amor logró vencer todos los obstáculos que se les pusieron en el camino.