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EMPIRE (SERIE MAFIA RUSA 1)

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oscuro
poderoso
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mafia
tragedia
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pelea
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engaño
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Descripción

Sinopsis

Un país,

Dos mafias,

Un imperio,

Un amor,

Una venganza y

Un adiós.

Los rusos siempre han sido posesivos con sus asuntos, sus territorios y tratándose del tráfico más...Después de años y años de lucha entre ambas mafias, los Baeva y los Douglas llegan a un común acuerdo. Nadie se mete con nadie siempre y cuando respeten cada quien sus zonas.

Los Baeva se mantienen en la zona norte de Rusia. En tanto los Douglas se hacen cargo de la zona sur. Pero ¿Qué sucede cuando uno de los suyos rompe los pactos?

¿Cuánto tiempo duraran los tratados de paz?

Traición,

amor,

dolor,

sexo,

pasión,

Sangre y

Muchas,

Pero muchas muertes.

¿Crees estar preparado para lo que viene?

Entonces.

¡BIENVENIDO AL MARAVILLOSO MUNDO DE EMPIRE!

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Prólogo.
Múrmansk, Rusia (1984). Vory v zakone la mayor organización de mafia rusa, regida por sus propias leyes, sus propias reglas. Conformada por los más altos gobernantes del país, políticos importantes, diplomáticos y personas influyente de la sociedad. ¿Quién puede contra ella? Dimitri Baeva esperaba impaciente por cerrar el trato, el mismo por el cual tenían más de una década luchando. Combatir con sus enemigos se estaba volviendo cansado y corría sangre sin razón, siguiendo leyes similares a la de los "vory v zakone" (Ladrones de ley) de la época de 1853, la mayor mafia Rusa existente datada desde las épocas zarista, aunque sus métodos y bandas o bratvas, como ellos solían llamarse. Habían cambiado un poco con el paso de los años, seguían siendo igual de sanguinarios y vengativos que siempre. La lucha por los territorios parecía cada vez más difícil de ganar, mientras unos peleaban por los territorios y productos, otros lo hacían por el mercado o los métodos de comercio entre organizaciones. Dimitri Baeva y Andrew Douglas los cabecillas en los últimos años de la vory estaban a punto de confirmarlo, solo una firma y el tratado de paz quedaría concluido. ―Ahora está hecho, no quiero volver a ver a ninguno de tus esbirros, ni ratas de este lado, cualquiera que cruce la línea estipulada en este tratado, será enviado de vuelta a ti... y ni siquiera sabrás cual de tus perros es―. Susurró Andrew. ―Lo mismo para tus bichos Doug, soló que no me detendré con él, su familia también irá incluida y ni siquiera sabrás si era hombre o mujer― Respondió Dimitri extendiendo la mano hasta su ahora "Aliado" por llamarlo de algún modo. Una llamada de emergencia desde el hospital los interrumpió, su hijo estaba a punto de nacer, el heredero de todo el imperio Baeva. El próximo jefe de la Bratva, por suerte su descendencia no tendría que cuidar su espalda en su propio territorio. Moscú, Rusia (Febrero del 2000). Moscow State Institute of International Relations, MGIMO. En los recónditos sótanos del MGIMO en el fervor de las peleas clandestinas se sentía con ahínco. La adrenalina y el olor a sangre llenaban los poros de todos los presentes. Harto y hastiado de tanta sangre, sin ser el causante, Fredrick Baeva absorbió el olor metálico, disfrutando de ello antes de salir del lugar seguido por sus esbirros, Mark y Donovan, sus mejores amigos y compañeros de crimen. ―Vamos perros, Que si no salgo de aquí me los quiebro a todos― Gritó para hacerse escuchar por encima de los gritos eufóricos de la gente. Conociendo la vena sangrienta de su amigo, ambos lo siguieron, dejando al resto de la bratva atrás. Salieron a las oscuras instalaciones del colegio de Moscú, le encantaba el poder que le otorgaba su apellido en el lugar. Podía hacer lo que quería, cuando quería. Pararon a un costado del edificio y encendieron cada uno un cigarrillo, absorbieron el humo llenando sus pulmones con el sabor a nicotina, para después sacarlo, por la boca y la nariz, disfrutando de la sensación relajante que éste les otorgaba. Cuando de repente un grito sordo los distrajo de su momento de paz. Acostumbrados a ese tipo de escenas todo el tiempo, lo ignoraron siguiendo con lo suyo. Hasta que un nuevo grito acompañado de un llamado de auxilio los hizo mirarse entre ellos. ―Suéltame estúpido, te dije que me sueltes― se escuchó por todo el lugar. Aún con la estridente música salida del sótano. La curiosidad se instaló en el líder de los Baeva al escuchar un grito de horror pero esta vez de un hombre, el joven, con un asentamiento de cabeza ordenó a sus secuaces ver lo que pasaba. Al llegar al callejón, Fredrick pudo admirar la escena embobado seguramente por el chorro de sangre que emanaba del cuello del hombre o tal vez al observar a una diosa de cabellos como el oro puro, labios rosas y unos ojos azul claro como los cielos, con una navaja sucia y vieja que seguramente no se había usado por mucho tiempo hasta ahora. ―Vaya, Vaya. Seguramente ese estúpido merecía morir, aunque si deseas escuchar mi opinión. Fue una muerte fácil y poco dolorosa querida. Si fuese tú le hubiese sacado los ojos, luego cortado la lengua y por último, le hubiese arrancado uno por uno sus miembros lentamente―. Sonrío al ver los gestos de horror de la mujer. Aunque no lo reconociera, dentro de su podrido corazón, había una leve esperanza de que ricitos de oro le diera paz a su tormentosa vida, era un presentimiento y en eso él nunca se equivocaba. ― Y...yo... No quería... n..n..no quería matarlo, se los juro―. Murmuró como pudo la hermosa chica, sollozando sin parar con la navaja aún en la mano. ―Tranquila, me odiare por esto, pero Mark encárgate del cuerpo del malnacido y Donovan elimina la evidencia―. Ordenó, mientras se acercaba a ella con cautela, arrancando la navaja, y entregándole un pañuelo para que se limpiara las manos. Al terminar de sacar toda evidencia de sangre en su cuerpo, la mujer le entregó el pañuelo a Donovan, quien éste último estaba extrañado por las órdenes de su jefe. Guardó toda evidencia en una bolsa y las incineró. Baeva al observar a sus hombres eliminar la prueba de un homicidio, se acercó tranquilamente a la muchacha. ― ¿Cómo te llamas? ―. Preguntó al mirarla a los ojos. ―Joselyn―. Murmuró la joven. Perdida en los ojos verdes pardos del muchacho que le transmitía confianza, aunque no se veía como una persona que ayuda a otros por amabilidad. ―Bien Joselyn, dime por qué asesinaste a ese maldito y no me mientas―. ―Él...Él intentó violarme y no podía permitirlo, primero muerta antes de que un cerdo me desgracie la vida― Exclamó con furia contenida que le gustó admirar a Fredrick e inmediatamente éste supo que la pequeña fiera que estaba observando era digna de su presencia. ― De acuerdo Joselyn, te ayudamos a salvar tu culo de prisión y como sabrás nada es gratis en esta vida― esto último lo murmuró lascivamente observando su esbelto cuerpo ―A cambio de nuestro silencio y de nuestra reciente colaboración, quiero una cita contigo―. ― ¿Qué? No follaré contigo si es lo que piensas…No permití que ese cerdo se me subiera encima, mucho menos me acostaré con un desconocido solamente por pagar una deuda o en este caso por su silencio― Expresó furiosa. ―Nadie hablo sobre follar niña sucia, acaso follas en tus primeras citas― Preguntó arqueando una ceja. ― Si hubiese sabido eso, te hubiese contactado desde hace tiempo―. Sintió un fuerte ardor en su pecho al murmurar dichas palabras. Joselyn se sonrojó violentamente, haciéndola lucir más hermosa de lo que ya era. ― Joder no era lo que trataba de decir.... Yo…― ―Ya, relájate. Soló bromeo. Te veo el viernes en éste mismo lugar a las 5 de la tarde, sino te encuentro en esa hora ricitos, te juró que llevaré la navaja a la estación de policía― dijo interrumpiéndola, ya exasperado por ésa endemoniada mujer. ―Larguémonos perros―. Después de decir esto último, se fue dejándola con la boca abierta y con el corazón a punto de salir de su boca, se agarró su pecho y pensó que tenía una maldita suerte al protagonizar ésa terrible situación y acudir a una cita con un hombre desconocido. Sino quería perjudicar a su familia y todo por un simple capricho de querer salir al callejón a tomar aire fresco. Luego recordó no haberle preguntado su nombre y se maldijo interiormente por ser una tonta al quedarse embobada por ese muchacho de ojos verdes pardos. Mientras tanto, Fredrick estaba pensativo en la parte trasera de la limusina acerca de la situación y sonrío al recordar a la fierecilla y juró a sus antepasados que iba a conseguirla y la iba a consumir con todo su mundo. Pensó el líder de los Baeva, sin saber que esa decisión iba a perjudicar el tratado que con tanto esfuerzo logró alcanzar su querido abuelo y que las consecuencias iban a ser nefastas.

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