CAPÍTULO VIII

3060 Palabras
Capítulo VIII   —Levántate cabrón— Se escuchó un murmullo afuera de la habitación mientras que tocaban escandalosamente la puerta. —Jodete lamepollas— Respondió un Andrey semidormido. No se escuchó ninguna respuesta por varios minutos. Por lo que éste haciendo caso omiso a la petición, volvió a recostar su cabeza entre las almohadas. La habitación estaba en penumbras y en un silencio tranquilizador, tanto que Andrey cerró sus ojos y se entregó a los brazos de Morfeo nuevamente. Pero no logró conciliar el sueño debido a que  sintió agua fría en todo su rostro y una parte le entró en la boca. — ¡Ahhh maldito! — Gritó colérico mirando a su hermano. David al ver su cara, no aguantó más y su estruendosa carcajada llenó la habitación. — Te lo mereces, hermanito. Ayer te fuiste sin mí a follar perras y me dejaste como novia fea esperándote—. Chasqueó la lengua, fingiendo tristeza. —Eso no se hace, lastimaste mi pobre corazón—. Terminó agarrando su pecho de forma dramática. Andrey solo pudo poner sus ojos en blanco mientras salía de su cama. — Lamento haberte dejado solito, muñequito—. Bromeó, llamándolo como su tigre blanco mientras que le tiraba un beso. —Si yo fuese muñeca ya te hubiese arrancado la polla, desgraciado—. Sonrió lascivamente. —Ya quisieras hermano, ya quisieras éste pedazo de polla—. Le siguió la broma tocándose la polla mucho más relajado. —Y para tu información no estaba follando. Solo estaba haciendo algunos encargos que me encomendó nuestro padre—. David solamente pudo levantar una ceja pensativo. Desde que tiene uso de razón, nunca ha escuchado a Andrey decirle papá a Argent. Tenía curiosidad pero si le preguntaba, éste lo ignoraría por un buen rato. Así que no se arriesgó. En cambio, lo siguió jodiendo como siempre. — Veo que te divertiste mucho ayer—. Sonrió observando unas gafas rosadas muy ñoñas. —No me digas que tienes un nuevo fetiche—. Se carcajeó, tomó las gafas y se dispuso a colocárselas mientras imitaba las poses de un modelo. — Me veo bello ¿verdad? — Le guiñó el ojo. —No las toques. ¡Joder! —.  Murmuró Andrey muy furioso. — No son mías. Son de mi ner... — No terminó la frase al darse cuenta de la estupidez que iba a decir. ¡Qué rayos estaba pensando! Se recriminó mentalmente. — ¿Tu nerd? — Levantó sus cejas. —Andrey, Andrey. ¿En qué mierdas estás metido? — — Consíguete una vida David, no es asunto tuyo—. Terminó de decir, cuando se escuchó una llamada telefónica proveniente de su celular. Andrey al ver el nombre de la persona arrugó la cara. Desde que dejó el crucero de los Baeva, Elsa no lo ha dejado de llamar. Suspiró mientras que se llevaba ambas manos a su rostro. — ¿No vas a responder? —. — Nah, No vale la pena. Mejor dime, ¿Por qué rayos me empezaste a joder tan temprano? —. Preguntó cambiando de tema y a su vez apagaba su teléfono para evitar hablar con ella. —Qué bueno que me recuerdas. Hoy va ser un día muy interesante hermanito— Le sonrió macabramente. Cosa que pinto un sonrisa en la cara de Andrey. —Esa voz me agrada muñequito, esa voz me agrada—. Y ambos salieron de la habitación. — ¿Qué demonios estamos haciendo aquí Fredrick? —. Murmuró Donovan entrando a una librería. —Voy a obsequiarle algo a Lina—. — ¿Tú crees que te perdonará tan fácilmente? —. Sonrió con sorna. Fredrick lo ignoró, caminando hacia donde se encontraba una dependienta. — Disculpe, ¿Sería posible que me trajera todos los libros de mitología griega que tenga ésta librería? —. Preguntó con amabilidad y elegancia. — ¿Todos? —. Se sorprendió la joven y sintiéndose intimidada le respondió. — Si claro, buscaré todos los que pueda. Enseguida regreso—. — ¿Mitología Griega? ¿Cómo sabes que le gusta leer sobre ello? —. Sonrió Fredrick al escucharlo. — Sé que no me crees, pero conozco los gustos de mis hijos, aunque no pase mucho tiempo con ellos—. Suspiró pensativo. —Cuando Lina era una niña, recuerdo que amaba que le leyera todo referente a los dioses griegos—. Sonrió evocando ése momento.  —Su favorito era Apolo—. —Hombre, ¿no crees que te extralimitaste, al intentar casarla con Shinoda?—. Preguntó tocándole el hombro como apoyo. —Creo que tiene suficiente castigo soportando a Elena como para que le des esas noticias. Siento que la decepcionaste hermano—. Cuanto Fredrick se disponía a responder, llegó la joven dependienta cargando un paquete en sus manos. —Señor, por el momento sólo tenemos 21 libros a nuestra disposición—. Le informó, dejando el paquete en la caja registradora. —No importa, con eso bastará—. Expresó entregando la tarjeta a la cajera. Sin decir una palabra más, Donovan se dispuso a llevar el paquete de libros al auto mientras que Baeva pagaba. — Qué tenga un buen día—. Dijo la dependienta después de entregar la tarjeta. —Muchas Gracias—. Respondió dejando un par de propinas a la susodicha. Cuando estaban en el auto, Fredrick se quedó pensando sobre la pregunta que le había hecho su amigo. Mirando  por la ventana respondió amargamente. —Sí, la he decepcionado—. Susurró para sí mismo. Universidad Estatal Técnica de Múrmansk Una morocha iba caminando en medio de la cafetería, buscando la mesa donde se  encontraba su amiga. Se detuvo un segundo sólo para examinar el lugar donde siempre se sentaban y se extrañó al ver a una chica pelirroja comiendo una hamburguesa, papas y un refresco. Al llegar a la mesa se sorprendió al reconocer a la chica. — ¿Lina? ¿Eres tú?— Al escuchar su nombre, Lina levantó su cabeza, sorprendiendo aún más a su amiga. —No me jodas, eres tú. ¿Qué te pasó? Estás irreconocible—. Murmuró sentándose a su lado. —No seas exagerada Sheryl, sólo me solté el cabello—. Respondió incómoda al escrutinio de su amiga. —Enserio no te reconocí, sino fuese por tu vestimenta, te hubiese confundido con otra persona—. Siguió hablando mientras le robaba una papa frita. —Además, no tienes tus gafas. ¿Qué les pasó? — Asintió hacia sus ojos. —Se me extraviaron—. Mintió descaradamente mientras que se sonrojaba al recordar cómo había perdido sus lentes. —Uh huh, haré como que te creo—. Entrecerró los ojos observándola. —Pero  chica, te vez genial. Con ese cabello largo y rojizo hace que te resalten tus orbes esmeraldas—. Alabó entusiasmada. —Eres hermosa Lina. Si yo fuese un chico te daría duro contra el muro—.  Terminó la oración haciendo aspavientos con sus manos. Lina solo pudo sonreír ante las locuras de su amiga. Estaba muy deprimida, los acontecimientos del día anterior le cobraban factura y lo peor de todo es que su padre no se había disculpado con ella. Pero estaba agradecida de haber conocido a Sheryl, ya que siempre le sacaba una sonrisa y le ayudaba a sobrellevar la tristeza que albergaba en su interior desde que empezó la Universidad. —¡¡Oye!! No te duermas, estaba hablándote—. Chasqueó los dedos ante ella, sacándola de sus pensamientos.  — ¿Por qué comes comida chatarra? Pensé que Cruela te había prohibido consumir esto—. No esperó a que le respondiera y le dio un gran mordisco a la hamburguesa. — ¡Hey! Es mía, estúpida—. Resopló Lina intentando quitarle la hamburguesa. —Ja, solo te estoy haciendo un favor. No puedo dejarte engordar sola—. Se burló con la boca llena. —Muy graciosa, pero la verdad es que estoy cansada de seguir las reglas y no tenga ninguna retribución por cumplirlas. Así que..... — Se encogió de hombros dejando la oración al aire. Sheryl se puso seria enseguida. Sabía lo que vivía Lina cada día y al principio pensó que era afortunada por nacer en una familia rica y poderosa pero se dio cuenta que todo era una gran mentira. — Eso es jodido. ¿Qué hicieron ahora? — Preguntó tomando sus manos y dándole apoyo con la mirada. Lina comenzó a detallarle los sucesos ocurridos y observaba la reacción de su amiga en cada palabra que salía de su boca. — ¡Puta! — Exclamó boquiabierta. — ¿Qué les pasa a los ricachones? Eso de establecer un matrimonio forzado pasó de moda allá en el siglo XX—. —Pero lo que me dejó anonada es que Miss promiscua te haya defendido. Doble mierda multiplicada por infinito, eso no lo vi venir—. Continuó con su diatriba, haciendo que Lina pusiera sus ojos en blanco. — Elsa no es mala, ya te había dicho. Sólo tiene más libertad, y le gusta expresarla, eso es todo—. Defendió a su hermana. — Lo que sea—. — Solo te pido un favor amiga—.  La miró a los ojos antes de soltar la bomba. — ¿Podrías hospedarme en tu casa por un par de días? — —Tú sabes que no tengo ningún problema, pero recuerda que yo no vivo en una mansión y no tenemos calefacción para sobrellevar el frío—. Respondió con tristeza. — No me importa. No te preocupes por eso. Prefiero vivir bajo un puente que enfrentar a mi familia en éstos momentos—. —   Búsquenla en todas las partes. No me importa lo que tengan que hacer, para eso les estoy pagando. — Ladró Fredrick a su teléfono celular mientras que caminaba desesperado de un lado a otro. — Si a la media noche no la encuentran. Mataré uno por uno y me bañaré con su sangre. — Al terminar de hablar, lanzó su teléfono con violencia y éste se estrelló contra la pared. —   Hermano tranquilízate, tienes que pensar con la cabeza fría. — Le susurró Donovan haciéndolo entrar en razón. — Lina es una chica astuta, seguramente se encuentra en la casa de alguna amiga. — —   Lo sé, es que mata no saber dónde está, qué estará haciendo y si ya habrá comido. —Suspiró cansadamente. — Ella nunca se había revelado de ésta manera. Me aterra que ya no me necesite. — Se desahogó sin importar la cara de asombro que reflejaba los presentes. —   Papá, ¿Cómo podría ayudarte? — Preguntó Elsa con el rostro rojizo, evidencia de que había llorado recientemente. — Me desespera verte de ése modo. — Terminó de hablar y lo abrazó con todo el cariño y amor que le tenía. Fredrick solo le correspondió el abrazo mientras que le daba un beso en la frente. —   Mi niña, ¿tú no conoces alguna amiga de tu hermana? — Preguntó esperanzado. —   No padre, Lina no ha traído ninguna amiga a casa, por obvias razones. — Murmuró mirando de reojo a Elena. La susodicha ni siquiera les prestaba atención. Estaba comiendo tranquilamente en el comedor sin una pizca de preocupación. Se notaba a leguas que le daba igual lo que le pasara a su hija menor. —   Elena. — La llamó Fredrick y ésta solamente pudo levantar la cabeza y alzar una ceja para darle a entender que tiene toda su atención. — Al menos ten la decencia de fingir un poco de preocupación. — Exclamó con asco. Elena viró los ojos por tanto dramatismo. ¡Solo era una mocosa! —   No entiendo tu hipocresía, querido. Ayer, prácticamente la estabas obligando a casarse con un sádico y ahora te ofendes porque ella decidió no dormir acá. — Hizo una pausa y continuó. — Lo que realmente sucede es que tu consciencia no te deja tranquilo. Tienes miedo de que ella abra los ojos y te vea como el monstruo que eres y no su padre. — Sonrío y continúo comiendo sin esperar respuesta alguna. Los presentes estaban estupefactos por la respuesta de Elena y miraron discretamente la reacción de Fredrick pero éste solo se dignó a alejarse de la sala principal y encerrarse en su despacho. Lina observó el cuerpo de su amiga que estaba descansando con tranquilidad en la cama, ajena al frío que hacía en ése momento. Miró el reloj de la habitación y vio que eran pasadas las dos de la mañana y se preguntó si su familia estaría preocupada por ella. ¡Nah! Seguramente ni se habrían dado cuenta de su ausencia. Saliendo de sus pensamientos, se dispuso a salir de la cama que compartía con su amiga e intentó obtener calor colocando sus manos debajo de sus pechos y en sus axilas. Suspiró pesadamente mientras que le castañeteaban los dientes y salió directamente al baño. Unos grandes ojos verdes la escudriñaban en el gran espejo reflejando la boca y su nariz de un color carmesí, producto del frío. Sonrió levemente e hizo sus necesidades. Cuando salió del baño, escuchó un ruido proveniente de la sala, sintió mucha curiosidad y caminó sigilosamente hacia el lugar. Dave Jonas estaba tranquilo inhalando un porro de marihuana a la vez que pensaba en cierta pelirroja que había conocido esa noche. Él se encontraba fumando en el sofá, solamente vestido con una simple bermuda. Se sorprendió al ver a una ninfa en su sala. Sonrió perezosamente. Son los efectos de la droga. Pensó. Así que la observó detalladamente y reconoció que era una pelirroja hermosa, llamativa y con unos perfectos labios. Mmmm se verían deliciosos si estuviesen alrededor de su polla. —   ¿Dave? — Preguntó Lina, aún sorprendida por atraparlo en esas fachadas y drogándose. Dave no respondió. En su lugar se recriminó por estar pensando en estupideces y no darse cuenta que la amiga de su hermana estaba al frente de él y no la supuesta ninfa. —   ¿Qué quieres nenita? ¿No puedes dormir? Bienvenida al club. — Exclamó con sarcasmo. — Sabía que no podrías aguantar nuestro estilo de vida. — Lina ignoró su comentario y le respondió con otra pregunta. —   ¿Sabe tu hermana lo que haces en las noches? — —   No me digas que eres una chismosa. — Lina se sentó al lado suyo sin intimidarse de su falta de vestimenta. —   No lo soy. — Se lamió los labios pensativa, sin percatarse que Dave observaba sus labios rosas. — ¿Por qué lo haces? — Preguntó señalando el porro. —   No todos nacen en una cuna de oro, princesita. A veces la necesidad es más importante que los prejuicios—. Dijo acercándose a ella. — Vendo drogas para ganarme unos centavos —. —   ¿Eres un camello? Pero podrías estar estudiando en la universidad o trabajando en cualquier parte —. —   Me encanta tu inocencia nena —. Sonrío excitado, parecía una muñequita lista para ser devorada. — La vida es una hija de perra que lanza mierda a nuestro alrededor. Algunos nacen con dinero y otros no. Aunque me esforzara no conseguiría trabajo. Ya lo he intentado, cuando ven mi currículum me rechazan por falta de experiencia o nivel de educación bajo. — Terminó sonriendo tristemente por haber nacido en una familia pobre. —   Lo siento —. Susurró Lina. —   No importa, no es tu culpa. ¿Quieres un poco? — Preguntó, acercando el porro a su rostro— Vamos no seas tímida. La casa invita—. Lina observó silenciosamente a Dave por unos segundos. Él es un hombre muy hermoso con tono de piel morena, acuerpado y unos grandiosos ojos azules eléctricos. Debería ser un gigoló y ganaría millones. Pensó un poco risueña por sus locuras. —   No fumo —. Respondió, echándole un vistazo al porro. —    No te hagas la inocente. Sabes que lo necesitas, sino no estuvieses aquí soportando el frío. Todos sabemos que tienes problemas en el paraíso. Y esto— Hizo una pausa haciendo énfasis en el porro que sostenía. — Te ayudará a liberar tensiones y a estar como nueva. Vamos, experimenta. — Terminó guiñándole un ojo. —   De a..acuerdo. — Titubeó un poco confusa. Sin más tomó el porro y se dispuso a dar su primera calada. Cuando lo hizo, empezó a toser desesperadamente. —   No quiero esa mierda —. Dijo llorosa mientras que le entregaba el porro. —   Se nota que eres una principiante. Vamos yo te enseño —. Dave echó a reír mientras que le demostraba como tenía que inhalar el humo del cigarro. — Intenta de nuevo—. Lina esta vez sí pudo obtener una buena calada del porro y se sintió realmente bien. Mientras más fumaba, más relajada se sentía. El tiempo pasó muy rápido entre esos dos. Fumaban y charlaban como un par de amigos y se reían por cualquier estupidez, posiblemente por los efectos de la droga. Cuando Lina volvió a recostarse en la cama. Sonrió, se había divertido como nunca y Dave era un gran amigo. Aunque se había dado cuenta que él la miraba con deseo, tal vez no sería tan malo tener la experiencia copmpleta. Ella no se sentía atraída por él, pero tal vez eso podría cambiar, él estaba como para chuparse los dedos. Sin embargo no podía sacarse de la cabeza a ese pervertido adicto al pissing que le había robado sus lentes aquel día. Pero eso no era lo peor, sino que se sentía un poco excitada y quería que ese chico rubio le comiera el coño. ¡Ay Dios! Qué rayos estaba pensando. Los efectos de la maría la convertían en una zorra. Asegurándose de que su amiga seguía dormida y sin hacer mucho ruido, introdujo una mano entre sus bragas y empezó a tocarse poco a poco pensando en él, con delicadeza recorría sus labios mayores, palpando la humedad que le generaba el solo pensar en ese chico, ¿Qué haría el si estuviera aquí? Pensó. ¿Quién lo habría dicho? Lina Baeva, la mojigata masturbándose al lado de su mejor amiga pensando en cómo le gustaría que un desconocido la tocara. 
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