Capitulo 1
Sebastián
—¡Daphne, Daphne! Por favor no me dejes.
Me despierto sudando. ¡Joder! Otra vez ese maldito sueño de: Daphne muriendo.
Me levanto con mucho cuidado pues no quiero despertar a Samantha. ¡Gracias a Dios! No me escucho, porque no quiero otra vez pelar por lo mismo. A veces me preguntó: ¿Por qué diablos sigo con ella? Creo que es el remordimiento por lo que pasó con nuestro bebé.
Voy a la sala y, me sirvo un trago, para calmarme, me siento un momento en mi enorme sillón, me tomo lentamente el coñac que me serví, mientras lo hago; no puede evitar pensar en ella, mi musa, el amor de mi vida, la mujer que me ha quitado el sueño, estos casi 5 años. ¿Me abro olvidado?, ¿Me odiará?, ¿Estará con alguien? Preguntas que jamás tendrán una maldita respuesta.
Pero, solo de imaginarme que otro hombre, la pueda tocar, me hace hervir la sangre. ¡Maldición! Me levanto y estrello el vaso contra la pared.
De inmediato escucho la voz de Samantha: —Sé puede saber: ¡¿Qué carajos te pasa?!
—Nada que te importe, y por favor déjame en paz.
Se me acerca y me abraza por el cuello, —Tengo la solución a tus problemas.
—No tengo ganas—, me suelto de su agarre.
—Tiene meses que no me tocas, ¡¿Es por otra mujer?! Dónde me enteré de que estás con otra. ¡Te juro que te vas a arrepentir!
—¡Maldita sea Samantha! Otra vez con lo mismo, deja de ser tan paranoica.
—Entonces ¿Por qué estás así?
—Ya te dije que no es nada.
—Es por esa «mujer», ¿Verdad?
—Si ya sabes la respuesta, para que preguntas, por favor dejemos esto por la paz, y vamos a dormir.
—¡Maldita sea! Cómo puede ser que después de todos estos años, sigas pensando en esa «golfa»
—No la ofendas, y vámonos a dormir, estoy muy cansado, y no tengo ganas de escuchar tus dramas.
—«Dramas», si en verdad ya no piensas en ella, casémonos.
—¡Estás loca! Yo no pienso casarme contigo, ni con nadie.
—Pero...¿Por qué? Lo más lógico es que lo hagamos, tenemos años juntos, y mis padres y amigos, siempre me preguntan: ¿Por qué no nos hemos casado?
—A ver Samantha, desde el principio te dejé bien claro, que ¡JAMÁS! Me casaría contigo, me voy a dormir—, me volteo y voy para mi recámara.
—¡Sebastián! No me dejes hablando sola, si lo haces me voy.
—Haz lo que quieras Samantha.
Entro a mi cuarto, escucho que azotan la puerta, señal de que Samantha se fue, y en verdad lo agradezco, porque lo último que quiero es otra pelea con ella. No sé en qué momento dejé que está relación llegará tan lejos. ¡Soy un verdadero idiota!
Me acuesto de nuevo, y trato de dormir de nuevo, pero no lo consigo. Miro el reloj y veo que son las 6:00 a.m. Es mejor que levante, me levanto, y arrastro mi ser hasta el baño, ¡Joder! En verdad estoy muy cansado.
Hoy no iré al gimnasio, es mejor que me arregle, y me vaya al trabajo, a terminar los mil pendientes que tengo.
Me baño con agua fría para activarme, salgo, y me enredo una toalla, en mi cadera, y camino hasta mi vestidor, decido ponerme un traje azul marino, me peino, y me coloco mis gafas, y bajo hasta el estacionamiento, y me monto en mi Audi, manejo hasta llegar a mi empresa «Desing Life», tiene más de un año que la funde, junto con dos amigos de la universidad, y la verdad nos ha ido muy bien.
Este lugar sea convertido mi refugio, el lugar donde puedo olvidar por algunas horas que la he perdido para siempre, saber eso: Me carcome mi alma, pero ni modo las cosas son así, y no hay vuelta de hoja. Entro y solo se encuentra el celador, pues a penas son las 7:30 a.m.
Camino hasta llegar a mi oficina, es toda de cristal con los techos altos, y lámparas vintage, es muy moderna y sencilla. Enseguida prendo mi Mac y empiezo revisar los planos que tengo pendientes, y son bastantes, esto me va a llevar todo el día
Diseñar es una de las cosas que más disfruto, hace que me olvide de todo. Soy interrumpido por Tessa, mi socia, ella se ha vuelto mi mejor amiga, y mi confidente, ella es a la única persona a la que le he hablado de Daphne.
—¡Buen día! Sabía que estarías aquí, por eso te traje un café. Te ves ¡Horrible!
—Gracias yo también te quiero. Mejor dime: ¿Cómo va licitación? Sabes que diseñar esa cadena de hoteles, nos llevaría al siguiente nivel.
—Lo sé, pero todavía no han dado respuesta, la tendremos hasta mañana.
—Odio esperar.
—¡Ni que lo digas! Ya sé cómo eres. ¿Ya revisaste los planos de la casa del ministro «Maxwell»?
—Estoy en eso.
—Pues apúrate, porque quiere ver el boceto, mañana a primera hora. Y te quiera decir que: Debemos contratar más personal, ya no nos damos abasto con tantos proyectos.
—Tienes razón encárgate tú de eso, yo no soy bueno con las personas.
—Si yo me encargo, bueno te dejo trabajar, comemos juntos, ¿Verdad?
—Si
Se va y me pongo a trabajar, todo el día me la paso, perfeccionando los diseños.
Estoy tan entretenido hasta que soy interrumpido por mi estómago protestando de que tiene hambre.
Salgo de mi oficina, y voy por Tessa. Llegó a su oficina, y está hablando por teléfono, me hace señas que la esperé un momento. Y me quedo cómo tonto parado en la puerta de su oficina. Cuándo por fin termina, entro.
—¿Con quién hablabas? Que te dejo muy feliz.
—Con una hermosa rubia que conocí ayer.
Tessa es lesbiana, es toda una rompe corazones.
—¡Eres incorregible!
—Que quieres que haga, si hay tantas mujeres hermosas en el mundo.
—Ven vamos a comer, muero de hambre.
—Si ve saliendo, solo mando un correo.
—Está bien, pero no tardes mucho.
—No.
Salgo de la oficina, y voy directamente al estacionamiento, me subo a mi auto a esperar a Tessa. Únicamente espero que no tarde mucho, porque muero de hambre.
Miro el reloj y veo que ya pasaron 10 minutos. ¡Mujeres! ¡¿Por qué siempre tardarán tanto?!
Veo que por fin llega.
—¿Por qué tardaste tanto?
—Me di una manita de gato, que tal que encuentro al amor de mi vida, y me ve toda fodonga.
—¡Estás bien loca!
—Una loca hermosa y sexi, pero anda vamos a comer.
Arranco, y decidimos comer comida italiana, vamos a un buen restaurante. Pido: una pasta a la boloñesa, y una pizza un individual. Y pedimos una botella de vino.
—¡¿Todo eso te vas a comer?!—me dice Tessa sorprendida.
—Si tengo hambre.
—Si sigues comiendo así, te pondrás cómo una «Bola», pero sabes que: Creo que en tu caso te conviene, tal vez así la bruja de Samantha, te deja en paz. En verdad Sebastián. ¿Cuándo vas a dejar esa absurda relación?
—No es tan fácil.
—¿Por qué?
—Tú sabes el porqué.
—Lo sé, pero no puedes estar encadenado a alguien, solo por culpa.
—Ya no me regañes.
—No es regaño, te digo esto es porque te quiero, y no quiero ver cómo desperdicias tu vida, a lado de esa loca. Por favor Sebastián déjala, y busca a Daphne u olvídala, pero haz algo.
—Dejemos de hablar de mi asquerosa vida personal.
—Está bien.
Seguimos comiendo, y suena mi celular, es Samantha, le contesto, pues no quiero pelar con ella más tarde.
—Hola Samantha. ¿Qué quieres?
—Hola amor, nada más para recordarte que hoy es el cumpleaños de mi padre, y nos espera a cenar.
—Ok… ahí estaré, bueno si eso es todo adiós—, sin más le cuelgo.
Tessa me hace cara de fastidio, sé que tiene razón debo terminar con Samantha. Terminamos de comer y nos vamos a la oficina a terminar los pendientes. Unos 20 minutos más tarde llegamos.
—Gracias por la comida, y piensa en lo que te dije, me voy a mi oficina tengo mil pendientes.
—Si lo reflexionaré, te veo mañana.
Nos despedimos, y nos vamos cada uno a su oficina, el tiempo se pasa volando, pues tengo demasiado trabajo. Dejo todo listo para mañana, voy al baño a ponerme un poco presentable para la cena en la casa de Samantha, hoy será la noche que termine con ella. Tessa tiene razón no puede seguir así, lo único que no haré es buscar a Daphne, ya le jodí la vida una vez, y está el hecho que me a de odiar.
Me arreglo, y salgo, llegó a la casa de los padres de Samantha. Entro y hay bastantes personas, enseguida que Samantha me ve, va por mí.
—Querido que bueno que llegaste, mi padre me está preguntando por ti, ven vamos a saludarlo—, coloca su mano en mi hombro.
Caminamos hasta su padre, que está con varios hombres. En cuanto me ve me saluda:
—Sebastián que bueno que llegaste.
—¡Feliz cumpleaños señor!
—Gracias, y dime: ¿Cómo van los negocios?
—Bien señor, gracias,
—Claro siendo un «Lombardi», todo es más fácil.
Cómo odio que digan eso, que gracias a mi apellido he logrado construir una empresa exitosa, esa la razón por la que uso el apellido de mi madre.
—No lo creo señor, no utilizo ese apellido, aquí en Londres muy pocos saben que soy un «Lombardi».
—Eso es lo que tú crees, pero bueno eso no importa, lo que importa es que le des todo a mi princesa, y por cierto: ¿Cuándo se casarán? Ya es hora de que formalicen su relación.
—Nunca
—¡Perdón!
—Lo que escucho.
—¡Es una broma padre! Sebastián no está hablando en serio.
—Sí que lo estoy, porque vamos a engañar a tu padre con algo que ¡NUNCA! Va a suceder, y si me permiten—me suelto del brazo Samantha, camino hacia la salida.
Samantha va detrás de mí, pero no me detengo, estoy harto de toda esta ¡Mierda!
Salgo y Samantha me detiene.
—Sé puede saber: ¿Por qué dijiste eso?—me dice Samantha furiosa.
—Solo dije la verdad, y sabes que: Esto se acabó, no puedo, ni quiero estar contigo.
—¡¿Estás terminado conmigo?
—Si Samantha, ya fue suficiente de todo esto, no lo hagas más difícil.
—Terminas conmigo después de todo, lo que he sufrido por tu culpa.
—Sé que has sufrido, pero no puedo hacer nada para cambiarlo.
Varias personas de la fiesta se empieza asomar de lo que está pasando, pero no me importa. No debería dejarla en la fiesta de su padre, pero mi paciencia ya está al límite.
—No hagas esto. ¡Yo te amo!
—Pero yo no, y nunca lo haré. Así que adiós.
—Te vas a arrepentir por esto. ¡Te lo juro!
Camino hacia mi auto dejando a Samantha, llegó hasta él, y siento cómo si me hubiera quitado un costal de la espalda. Prendo mi auto, y salgo de esta maldita casa sin mirar a atrás.
Me voy directo a un departamento que tengo para mí solo, a veces me quedo aquí para tratar de olvidar que mi vida personal está jodidamente arruinada.
Entro, y me voy a mi recámara, me tumbo en la cama, y respiro profundamente, ¡Por fin terminé con Samantha!
Me quedo un par de minutos así, me levanto a bañarme, saco una toalla de mi closet, y se cae el álbum de fotos que me regaló mi Daphne cuando cumplí 18 años. Se me había olvidado que lo guarde ahí, no me gusta ver esas fotos. Pues me hacen recordar lo que nunca más tendré: ¡A Daphne!
No puedo evitar abrirlo, y miro cada una de las fotos, y acaricio cada una de ellas, ¡Joder! Cómo te extraño Daphne. Lo que daría por volverte a tener en mis brazos.
Escucho que mi celular vibra sin control, pienso: A de ser la loca de Samantha, mejor lo apago, saco mi celular de mi pantalón. Y veo que es Marcus.
—¡Qué raro! Mi hermano rara vez me marca, le pasaría algo. Mejor contesto.
—Hola Marcus.
—Hola Sebastián, perdón por molestar, hablo porque: Nuestra Nana sufrió un paro cardíaco y está muy mal, y quiere verte. Sé que no debiera pedirte esto, pero ella es cómo nuestra abuela.
—¡No pues ser! Mañana mismo salgo para allá.
—Si Sebas, mi viejita está muy mal y quiere verte, por favor no le vayas a fallar.
—No ahí estaré—, y colgamos.
No quiero regresar a Estados Unidos, pero es mi Nana, la mujer que me cuidó cómo una madre. No puedo hacerle esto. ¡Por favor Dios no permitas que se muera!
Y me quedo temblado de miedo por lo de mi Nana, y porque cabe la posibilidad que vea a Daphne de nuevo.