Capítulo 5

1554 Palabras
Sebastián. Todo el día me la he pasado pensando en Daphne, estar aquí, me la recuerda más. Ojalá se recupere pronto mi Nana, porque si sigo así, temo que acabaré buscándola. Estoy comiendo solo, en un restaurante cerca del hospital donde está hospitalizada mi Nana. Miro un instante por la ventana, miro a todos lados para ver si la veo, ¡Dios mío! Me voy a volver loco, si sigo de esta manera. Soy interrumpido de mis locos pensamientos, por una voz bastante familiar: —¡Sebastián!, ¡¿Eres tú?!—. Volteo y veo a mi viejo amigo Anthony, enseguida me paro, y le doy un abrazo. —¡Anthony! Cuánto tiempo sin verte. ¿Cómo has estado? —Bien hermano, y ¿Tú? —Bien gracias, ven siéntate Anthony se sienta a mi lado. —Sé por tu hermano que fundaste tu propia empresa, y que te ha ido muy bien. —La verdad es que si, no me puedo quejar. —¿Tú qué cuentas? —Pues me convertí en Abogado penalista, y trabajo en una firma muy importante, y estoy por casarme. —¡Wow! Y ¿Quién es la afortunada? —Es Paula. Enseguida que escucho ese nombre se me viene la imagen de mi Daphne. —¡Sigues con ella!, Y ¿Cómo está……? —¿Quién Daphne? Ella está bien, si la vieras ha cambiado mucho. —¡Ah si! ¿A qué te refieres? —Sebas cuando tú te fuiste, ella la paso un muy mal un tiempo, no quiera ni verme a mí, ni a los chicos, su recuperación fue lenta, después se la paso estudiando y trabajando mucho, pero ahora es una mujer empoderada, que tiene a muchos hombres tras ella. Al escuchar eso me hierve la sangre. —Ya lo creo Daphne es una mujer muy hermosa. —Hermano está mal que yo lo diga, pero sea convertido en una mujer muy sexi, sé que no te gustará escuchar esto, pero ha salido con un montón de tíos y muy guapos, pero no nada formal que yo sepa. —¡Un montón! Ya veo, pues está bien ella es libre de hacer lo que quiera—digo fuertemente. —Por tu reacción, veo que sigues enamorado de ella. Entonces… ¿Por qué la dejaste? —A veces el amor no es suficiente, para esta con alguien Anthony, no todos tenemos tu suerte, de conocer a la mujer de su vida, y estar con ella. —Sebas deberías buscarla. —No… Por lo que me dijiste ella siguió su vida sin mí. Y no pienso intervenir en ella —Bueno eso sí. ¿Cuándo te vas? —No lo sé, espero que pronto. —Bueno espero verte antes de que te vayas, es más te invito a mi fiesta. Es esta noche. ¿Qué dices? —No lo sé. —No te preocupes Daphne nunca va. —Pero no creo que a tu prometida le guste verme. —Tranquilo, Pau no te hará nada. Anda ve un rato. —Lo pensaré. —Te dejo la dirección por si te animas. —¿Seguro que ella no va? —Seguro. —Bueno, me voy a dar una vuelta, gracias por invitarme. —De nada. Nos vemos al rato. Anthony se va dejando solo, con mil pensamientos: Daphne con otros hombres, ¿Se habrá acostado con alguno?, ¿Se ha enamorado?, ¡Joder! No puede ser. Pido la cuenta y salgo desconcertado y muy molesto por lo que me digo Anthony. Cómo quisiera irme de esta maldita cuidad. Si veo a Daphne con alguien más no sé que voy a hacer. Llego al hotel con un humor horrible. En eso me entra una llamada de Tessa —¿Qué quieres Tessa? —Que humor te cargas. Te hablo porque el ministro quiere unos cambios en los planos de su casa, ya te mandé por correo las correcciones que debes hacer. —Ok, y que sabes de la licitación. —No tenemos repuesta aún. —Está bien, cualquier cosa me dices. —Si yo te aviso, y tomate algo para ese enojo—y colgamos —Prendo mi laptop y empiezo a revisar las correcciones que debo de hacer, pero no sé me ocurre nada. Estoy en blanco, y solo pienso en todo lo que me digo Anthony. Pasa una hora y nada. ¡Maldita sea! No pues ser que esté así, lo más probable es Daphne, ya me haya olvidado, y en estos momentos a de estar con alguien más. Esa maldita imagen me está enloqueciendo. Salgo a caminar un rato para tratar de tranquilizarme, pero cada paso que doy me pone más ansioso. Veo la hora y decido regresar, camino un par de cuadras para llegar. En cuanto llego me pongo a trabajar, pues mi mente está un poco más despejada, y eso me permite terminar las correcciones de los planos de la casa del ministro. Se los envío a Tessa, y apago mi laptop. Veo la hora, y decido darme una ducha, me meto en la regadera, tomo mi tiempo, me quedo un rato bajo el agua caliente, y recuerdo el hermoso cuerpo de Daphne, su piel, sus perfectos pechos, y sus piernas. Enseguida me pongo duro. ¡Ay Sebastián! Deja de pensar en Daphne, ella es parte de tu pasado. Espero a que la tremenda erección se me baje, y salgo. Me cambio, y me voy para la fiesta, quizás ver a los chicos me distraiga un poco. Tomo las llaves del auto que rente, y me voy a la fiesta, estoy un poco ansioso por ver a todos en especial a Paula, sé que ella me a de odiar a muerte. Llego 10 minutos, a un club súper exclusivo de la ciudad. Respiro profundamente antes de entrar. Camino hasta la entrada y hay un tipo mal encarado, le digo mi nombre, y me deja pasar. De pronto choco con alguien, y enseguida le pido disculpas sin saber quién es. Cuándo levanto mi cara es ella: ¡Daphne! Se ve tan hermosa, cómo me gustaría tomarla entre mis brazos, y decirle lo mucho que la extrañado, y que estoy años sin ella han sido horribles. Veo sus ojos y en ellos se reflejan no sé angustia, o quizás es odio. No dice nada y se va. Quiero salir detrás de ella, pero no puedo, porque sé que me ha de odiar. En eso se me acerca Anthony, y me dice: —Perdón en verdad no sabía que vendría. —No te preocupes. Enseguida llega Paula que al verme, me corre: —Cómo se te ocurre venir aquí después de lo que hiciste a mi amiga, ¡VETE DE AQUÍ! Por eso quieras que Daphne se fuera, porque iba a llegar este—, y me señala con un dedo. —Cálmate Paula, Sebastián es mi amigo. Paula me voltea a ver y me dice: —¡Gracias a Dios! Daphne ya te olvido, y está con alguien que si se la merece. Cuándo escucho eso mi mundo se derrumba, está con alguien y es feliz, ¡No puede ser! —Sebastián si por eso la dejaste para que ella rehiciera su vida—me dice mi subconsciente. —Sabes Anthony, tu prometida tiene razón debería irme. Salgo de ahí con el alma rota, pero quién soy yo para reclamarle algo a Daphne, si yo todo este tiempo estuve con Samantha no por amor, por culpa, pero saber que ella me a olvidado me carcome todo mi ser. Subo al automóvil, y quedo inmóvil sin saber qué hacer. Si tuviera una máquina del tiempo, cambiaría esa maldita noche que cambio toda mi vida. Me quedo un par de minutos así, hasta que un de auto de atrás me silba, porque le estoy estorbando el paso, así que pongo en marcha el auto y me voy. Llego al hotel, y subo directamente a la suite, y me encuentro a Samantha en lencería. Pero… ¿Cómo diablos supo dónde estaba? —¿Qué haces aquí?, ¿Quién te dijo que estaba aquí? Vístete y vete de aquí ahora mismo. Cuántas veces te lo tengo que decir: Tú y yo ya no somos nada. —Estoy aquí porque soy tu novia, y tu padre me digo que estabas aquí. No voy a permitir que me dejes. Sebastián, tú no puedes echar a la borda todos estos años. —Si puedo, yo no te amo, porque no lo entiendes, por favor Samantha, viste y vete —Estás aquí por ella, ¿Verdad? —No. —Dime la verdad, ¿Qué tiene esa maldita? Que no la has podido olvidar. —En verdad no quiero hablar de lo mismo. Tú sabías que yo estaba enamorado de ella, cuando insististe en estar conmigo. —Si, pero pensé, que la olvidarías. —Ya ves que no, así que por favor, dejemos esto por la paz. —No ¡Tú eres mío! —Deja de decir tantas estupideces, y vete o llamo a seguridad. —Me voy, pero esto no se queda así. Se arregla y se va. —¡Joder! Lo que me faltaba para terminar mi día de mierda. ¿Qué voy a hacer con todo esto que siento por Daphne? Ella ya no es mía, ahora lo sé.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR