Así, como en un cuento de hadas era que iniciaba la historia de Isabel. Había sido princesa y villana en varias ocasiones desde su nacimiento. Una princesa delicada, hermosa, envidiada por muchas, apetecida por los más fuertes, viriles y perfectos caballeros de la sociedad. Y una villana digan de película, siempre lo había sido, desde que era una pequeña estuvo acostumbrada a hacer su santa voluntad y si alguien le decía que no, ella estaba dispuesta a hacer lo que fuese necesario para cambiar las cosas a su favor. Con el pasar del tiempo Isabel aprendió la mejor manera de obtener cosas, de obtener el beneficio de los demás y lo que necesitaban de ella, aprendió que la belleza tenía su recompensa, pero que también tenía que usar su cerebro para que las cosas funcionaran. Era la chic

