—¿En serio? —dijo una asombrada Arlene— Awwws eso enamora. —Eres una romántica aunque te la des de liberal, amiga. — ¡Ay sí! Tengo que reconocerlo. —Y no has escuchado todo —continuó Kalie con su relato— Junto con el desayuno, en un carrito de servicio, venía un espléndido ramo de flores exóticas. —No lo puedo creer, Kalie —dijo con asombro— ¿Y dónde está ese maravilloso ramo? —Lo dejé en el hotel, Arlene —dijo poniendo los ojos en blanco— ¿No pensarás que debería tráemelo, o sí? —¡Pues por supuesto que sí! —dijo Arlene sin dudarlo un segundo— Yo me lo hubiera traído, oh, es tan lindo Kalie. Dime qué lo vas a volver a ver de nuevo. —Pies no lo creo, Arlene —dijo Kalie sonrojándose fuertemente— No creo que pudiera mirarlo a la cara. —Podrías mirar otro sitio, Kalie —dijo Arlene con

