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El Heredero en las Sombras

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venganza
una noche de pasión
familia
escapar mientras embarazada
los opuestos se atraen
seguro
jefe
drama
bxg
escuela secundaria
Oficina/lugar de trabajo
oso musculoso
brutal
seductive
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intro-logo
Descripción

Hace 19 años, el magnate Adrián Vance tomó una decisión fría: sacar a Helena de su vida para no poner en riesgo su imperio. Pensó que ella simplemente iba a llorar y desaparecer. Y sí desapareció, pero no para rendirse. Helena crio a su hijo sola, en secreto, enseñándole todo sobre estrategia, negocios y supervivencia.

Ahora, Julián tiene 18 años y es un genio. Acaba de lanzar una empresa de tecnología que está destruyendo el monopolio de su padre y quitándole contratos de millones de dólares. Adrián no tiene ni idea de que ese chico que le está arruinando la vida es su propio hijo. Furioso y acostumbrado a ganar, el magnate organiza una junta para comprar y aplastar a la nueva competencia, esperando intimidar a un universitario con un cheque en blanco.

Pero cuando se abren las puertas de la sala de reuniones, no entra el chico solo. Entra Helena, lista para liderar la contraoferta.

Esta no es la típica historia donde el millonario se arrepiente, le pide perdón y vuelven a ser una familia feliz. Helena no quiere su amor ni sus disculpas, quiere su empresa. Es una guerra corporativa, un choque de mentes donde cada mirada, cada silencio y cada contrato legal es un arma. Adrián Vance está a punto de descubrir que el peor error de su vida acaba de sentarse al otro lado de la mesa, y viene dispuesta a quitárselo todo.

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El amor pobre
La oficina del corporativo Vance era una de las más grandes de toda la ciudad. Tenía ventanas de cristal que dejaban ver los edificios de afuera y un piso muy brillante que parecía un espejo. Ahí adentro estaban dos jóvenes muy enamorados. Adrián, que era el hijo del dueño, y Helena, que era una simple secretaria de la empresa. Ellos se veían a los ojos con mucho cariño mientras la luz del sol entraba por la ventana pegándoles en la cara. —Te amo muchísimo, Helena. Eres la mujer de mi vida y la más hermosa de todas —dijo Adrián agarrándola de las manos con mucha fuerza. —Yo también te amo, mi amor —respondió Helena con una sonrisa muy bonita—. Eres el hombre más bueno que he conocido. Adrián se sentía el hombre más feliz de la tierra cuando estaba junto a ella. No le importaba que ella no tuviera dinero ni que viniera de una familia humilde y pobre. Para él, el amor era lo más importante de todo el mundo. Le acarició el pelo n***o y largo que ella tenía y pensó en todos los planes bonitos que harían en el futuro. Se querían casar muy rápido y comprar una casa chiquita pero muy bonita, porque no necesitaban lujos para ser felices. —Pronto le vamos a decir a mi papá que nos vamos a casar para siempre y que vamos a tener bebés —dijo Adrián muy seguro de lo que decía. —Pero tengo mucho miedo de lo que diga el señor Vance —susurró ella agachando la mirada por la vergüenza—. Yo no soy rica como ustedes y él siempre me mira feo cuando paso por su lado. —No te preocupes, mi princesa. Él va a tener que aceptar nuestro amor porque yo lo digo y punto —le respondió él tocándole la mejilla con ternura. Justo cuando Adrián le iba a dar un beso en la frente para calmar sus nervios, la puerta de madera fina de la oficina se abrió de un solo golpe grandísimo. Era el señor Vance, el papá de Adrián y el dueño de todos los millones de la compañía. Entró caminando muy rápido con su traje carísimo n***o y su bastón. Tenía la cara totalmente roja como un tomate del coraje que traía por verlos juntos agarrados. —¡Qué rayos significa esto en mi empresa y en mi oficina! —gritó el señor Vance con una voz que hizo temblar los vidrios de la habitación. —¡Papá! —exclamó Adrián soltando a su novia por el gran susto que le dio y dando un paso para atrás. —Perdónenos, señor director. No queríamos enojarlo —dijo Helena temblando como una hoja de papel en medio del viento. El señor Vance se acercó a ellos pisando muy fuerte el piso para dar más miedo. Su respiración se escuchaba muy fuerte por lo enojado que estaba. Él odiaba a la gente pobre y siempre quería que su hijo estuviera con mujeres de familias millonarias para que la empresa ganara más dinero. Ver a su hijo con una simple oficinista era el peor insulto para su orgullo de hombre con plata. —¡Te exijo una explicación ahorita mismo, Adrián, antes de que te golpee! —volvió a gritar el viejo malo, levantando su bastón un poco. —Papá, yo y Helena nos queremos de verdad y ella va a ser mi esposa muy pronto —dijo Adrián tratando de sonar valiente, aunque le temblaban las piernas del miedo. —¡Te volviste loco de la cabeza, niño estúpido! —se rio el viejo con mucha maldad y asco—. ¡No te vas a casar con esta muerta de hambre que no tiene ni en qué caerse muerta! Helena sintió que le echaban agua fría en el corazón y se puso a llorar. Las lágrimas empezaron a salir de sus ojos porque nunca nadie le había dicho cosas tan feas en su cara. Ella solo quería amor, no le importaban las cuentas del banco ni los carros. Adrián se puso enfrente de ella para protegerla de su papá, apretando los puños muy fuerte y aguantando las ganas de llorar también. —¡No le hables así a mi novia! ¡Ella es muy buena persona! —gritó Adrián defendiéndola de los insultos de su papá. —¡Yo le hablo a mis empleados como yo quiera! —le respondió el papá apuntándola con el dedo de forma acusadora—. Ella solo te quiere para robarte tu dinero y ser rica sin trabajar nunca más en su vida. —Eso es una mentira, señor. Yo no soy una cazafortunas —lloró Helena secándose la cara con su mano—. Yo amo a su hijo por lo que es él adentro de su corazón y no por su dinero. El señor Vance no le creyó nada de lo que dijo. Él pensaba que todas las mujeres sin plata eran unas interesadas. Empezó a caminar de un lado a otro en la oficina, pensando en cómo separar a esos dos tontos enamorados. Sabía perfectamente cuál era el punto más débil de su hijo: los lujos y la vida fácil. Si le quitaba todo eso, seguro lloraría y dejaría a la muchacha pobre en un segundo. —Vamos a hacer un trato, niño tonto —dijo el papá parándose enfrente de Adrián, cruzado de brazos—. O la dejas en este mismo segundo y la corres, o te quito toda tu herencia hoy mismo y te despido. —¡No puedes hacer eso, papá, es muy injusto! —dijo Adrián abriendo mucho los ojos por el gran pánico que sintió. —Claro que puedo, y te vas a quedar en la maldita calle sin comer y sin tarjetas de crédito —sonrió el viejo con mucha maldad, sabiendo que tenía el poder. —No le haga eso a él, señor. La culpa es mía por enamorarme —lloró más fuerte Helena sintiéndose muy mal por su novio. El silencio se hizo muy grande en todo el lugar. Solo se escuchaba el aire acondicionado haciendo un zumbido. Adrián empezó a sudar muchísimo por la frente. Empezó a pensar en cómo sería su vida sin sus millones. No podría comprar ropa de marca, tendría que viajar en autobús lleno de gente y tendría que trabajar todo el día sudando para ganar muy poquito dinero.

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