Verdades Rotas

1777 Palabras

La mansión de Ismeiry estaba sumida en una quietud que contrastaba con el torbellino en su mente. El mensaje de voz de Alejandro, con su súplica cargada de misterio —“Si te lo cuenta, no me odies”— resonaba como un eco, amplificando la ansiedad por la reunión con Elena. Pero más inmediato era el dolor de la traición de Antoni y Eduardo, sus palabras en el loft aún cortando como cuchillos: “Somos bisexuales, Valdez. Y nos amamos.” Ismeiry se miraba en el espejo de su sala, los moretones en su cuerpo desvaneciéndose lentamente, pero las heridas en su alma eran más profundas. Había sido usada, no como una reina, sino como un peón en el juego de otros, y eso la llenaba de una furia que apenas podía contener. Decidió no esperar a la reunión con Elena. Necesitaba respuestas ahora, no sobre Alej

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