El silencio de la casa parecía más pesado aquella mañana. La luz del sol se filtraba tímida por las cortinas, dibujando sombras alargadas sobre las paredes. Elara y Lucius permanecían sentados en la sala, el peso de la noche anterior aún en sus cuerpos y en sus almas. Lucius la miraba con una mezcla de ternura y determinación que le helaba y le calentaba el corazón al mismo tiempo. —Elara —dijo, tomando sus manos entre las suyas—. Hemos luchado mucho, hemos perdido demasiado. Pero ahora, juntos, tenemos la oportunidad de empezar de nuevo. De dejar atrás todo lo que nos duele. Quiero que marchemos, que quememos el pasado y construyamos un futuro solo nuestro. Ella sintió un nudo en la garganta. La idea de huir, de dejar todo atrás, era tentadora y aterradora a la vez. ¿Podría realmente d
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