La mañana llegó sin avisar, filtrándose en la habitación con una luz suave, casi tímida, como si supiera lo que había ocurrido la noche anterior. Elara fue la primera en despertar. Sentía su cuerpo pesado, marcado por la intensidad que había compartido con Lucius, pero en lo más profundo de su ser reinaba una calma desconocida. No era solo agotamiento… era ligereza. Cómo si se hubiera sacado un enorme peso de encima y no solo eso, cómo si por primera vez en su vida comenzara a comprender su propósito, su destino, el sentido de su vida. Suspiró satisfecha y se giró. Lo encontró observándola en silencio , con los ojos cargados de un sentimiento inexplicable. No había ya ese hambre en sus pupilas, ni ese brillo salvaje que siempre había estado ahí, acechando bajo la superficie como una best

