Capítulo 41. Dos almas y un destino

1098 Palabras

Lucius dormía profundamente por primera vez en años. Su cuerpo, aún tibio por el contacto con Elara, yacía envuelto en las sábanas revueltas, su respiración tranquila, sin rastros del monstruo hambriento que había sido horas antes. Ella lo observaba en silencio, acurrucada contra su pecho, sintiendo todavía el latido intenso de lo que acababan de compartir. El vínculo estaba sellado. No solo por la unión física, ni por la sangre compartida durante el acto. Era algo más. Cuando Lucius abrió los ojos, los suyos ya no brillaban con hambre. Se veían humanos. Claros. En paz. —¿Cómo te sientes? —preguntó Elara en un susurro, temiendo la respuesta. Lucius la miró como si no pudiera creer lo que sentía. —Libre —respondió al fin, con la voz ronca—. No tengo hambre, Elara. No siento la sed... No

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