Abro los ojos un poco confundido y suspiro al voltear mi cabeza y encontrarla a ella, dormida tan cómodamente, tan tranquila, tan inocente y tan mía. Sonrío de lado al ver su rojizo cabello regado por todo su lado de la cama, los mechones del largo cabello cubrían parte de su rostro tranquilo. Quise ser el típico protagonista cliché de las novelas románticas que se ve Alda y quite unos mechones de cabello de su rostro y con una hermosa confusión, Arya, empieza a abrir los ojos. —Te voy a denunciar por acoso —murmura con ese jodido acento italiano, intentando tapar su cara con su mano—. Una persona normal no mira a otros dormir. —Nunca dije que fuera normal, hermosa —respondo, ella sonríe volviendo a cerrar los ojos—. Buenos días, amor. —Buenos días, Alek —su respiración vuelve a ser ser

