Caminé bajo varias personas tendidas en el suelo, algunos estaban heridos y otros se intentaban ocultar desesperadamente. No le disparamos a civiles a menos que ellos lo hagan primero. Es extraño, pero la mayoría de nosotros atacamos por descuido. Somos letales con las armas blancas. Odio la parte donde me toca matar a una persona, pero mi consuelo es que no volverá a lastimar a alguien. No me resta menos la culpa, pero siento que está bien pensar así. —¡Detrás de ti! —el grito de un compañero me hace girarme. Un chico de unos diecisiete años viene con un arma corriendo a toda prisa. La carga con desespero y me apunta, la mira sube y baja debido a que estaba corriendo, ladeo la cabeza sintiendo como mi corazón va latiendo a mil por horas. Gio llegará lejos, mi pequeño niño será el númer

