Capítulo 6

1055 Palabras
Durante la última semana, mi vida se había vuelto una total pesadilla, apartando las que tenía durante las noches, que no me dejaban dormir de lo reales que se sentían. Cada mes tengo bajones, es algo normal en mí. Además, hay que combinar eso con que Samuel me ha estado ignorando desde el cumpleaños de Mía, hace ocho días. Que lindos tiempos para estar viva. —Camz, ¿puedo entrar? —pregunta mi hermano dentro de mi habitación, sacándome de mis pensamientos. —Ya... entraste, i-idiota —contesto riéndome y me acurruco más en mi cama. Adrien se acerca y me imagino que viene llegando de su entrenamiento, debido a la ropa que tenía puesta. Cuando mi hermano mayor se encuentra al frente de la cama, se sienta en el borde sin siquiera mirarme. —¿Cómo est..? —Titi, estoy bi-bien —respondo interrumpiéndolo. —No has dormido bien esta semana, estás cansada. Lo peor que puedes hacer es no hablar, Camz —me suplica al borde de las lágrimas. Soy una de esas personas que prefiere guardarse sus problemas, antes de molestar a los demás con ellos. Cada quién se preocupa por los suyos. Es decir, ¿para qué molestar a otra persona con algo que no tiene nada que ver con ella? —Cada mes me dan es-estas cosas. Es sólo... eso y lo sabes. Quiero d-dormir y ya. Ya v-ves como...estoy ha-hablando —digo tratando de hablar lo mejor que me salga.  Cuando no duermo bien por varios días, mi habla y escritura se vuelven nulas. Tenía cinco años cuando me caí de un árbol, abriéndome la cabeza. Mi cerebro se vio afectado por el golpe, incluso pude haber muerto. El accidente generó consecuencias, como no poder realizar actividades que tenían que ver con la coordinación motora por un buen tiempo, ya que esa parte de mi cerebro fue la más afectada. Algunas cosas que no podía hacer, por ejemplo, era jugar al fútbol con Adrien. Volví a jugar cuando tenía diez y me caí de culo cuando toqué el balón por primera vez. Obviamente al no descansar, mi cuerpo no funciona. Digamos que crecí de manera distinta a otros niños, pero aún así, disfruté mucho mi infancia y fui una niña muy feliz.  En la adolescencia, todo era más fácil, porque aunque me costaba coordinar, lo podía controlar. Dieciocho años después y ese accidente todavía me afecta, aunque en menores proporciones. Todo debido a la falta de sueño. —Hay alguien que quiere verte, mejor dicho, necesita verte —Adrien me saca de mis pensamientos de nuevo, mirándome serio. —No, no, no quiero ver a na... —Ya le digo que entre —el rubio se levanta y sale corriendo. Ruedo los ojos, aunque se qué no puede verme. Que cabezón es. Me doy la vuelta en la cama para quedar mirando la pared e ignorar a quién sea que vino. Odiaba esto, odiaba tener que pasar por esto cada mes. —Camz... —Ve-vete —respondo de una—. Así mismo como me trataste esta... última semana, no te-te quiero ver, Samuel. —Mírame, por favor —su voz sonaba rota y triste y eso me preocupa. Cuando me volteo y lo veo sentado justo donde estaba Adrien antes, mi boca se abre por la sorpresa. Su tez cálida estaba pálida, sus ojos brillantes que tanto amaba, estaban más apagados como nunca. Tenía pequeñas bolsas debajo de sus ojos, que indican que no ha dormido bien. —Mon ange (mi ángel), ¿q-qué... te pasó? —me siento rápidamente y acuno su rostro entre mis manos, olvidándome de todo lo que me pasaba. —Bianca me robó. Cuando llegué del entreno de ayer vi el portón abierto, me asusté y entré rápido, dos tíos me agarraron y me durmieron con algo. Cuando desperté, estaba siendo desamarrado de una silla por tu hermano y Jorge, que al ver que no fui al entreno de esta mañana, se preocuparon. —Esa pe-perra —murmuro y Samuel se ríe con los ojos cerrados—. ¿Ya... la denunciaste? —Antes de venir. La policía pasó un rato en la casa investigando y encontraron sus huellas. No entiendo como puedo ser tan estúpido, tengo que empezar a hacerte caso. —No digas eso, no es tu cu-culpa que la pobre haya na-nacido sin neuronas —bromeo. El ríe a carcajadas y sonrío al verlo—. Te qu-quiero ver con esa sonrisa... siempre. ¿Me lo prometes? —Te lo prometo, si me prometes que primero, me perdonas y segundo, lo mismo que me acabas de decir —el español alza su dedo meñique y los juntamos. Ambos besamos nuestros dedos pulgares con nuestros dedos unidos, como símbolo de que estábamos sellando la promesa. —Te pro-prometo lo segundo, pero no... entiendo lo pri-primero, ¿Yo pe-perdonarte? ¿Por... qué? —pregunto ya fastidiada, porque me estaba costando mucho hablar. —Te he ignorado durante toda la semana, porque soy un gilipollas. Dios, no sé por qué no puedo decirlo...  —Arranca, hi-hijo. —Tenía miedo —lo miro expectante, no entendía—. Bueno, tengo miedo. No quiero hacerte daño, porque sé que todo lo que toco, lo destruyo y lo eres todo para mí, no me perdonaría si te hiciera el más mínimo daño. Lo que estoy sintiendo, es algo que jamás sentí y se me fue la olla al verme abrumado. —Samuel... —iba a hablar, pero me interrumpe. —Creí que si te ignoraba, podría esconder lo que siento, que de esa manera podía incluso llegar a olvidarte, pero no, ahora siento que te necesito más. Esta semana ha sido un infierno sin poder escribirte, escuchar tu voz, verte en los entrenamientos y fue peor cuando le pregunté a Adrien por ti y me contó. No sabes lo mal que me siento por no estar.  —Samu, no ti-tienes por... —Ni siquiera cuando te cuesta hablar, cierras esa boca.  —Pero que agresivo... co-continua —suelto una carcajada sonora, que hace que el español sonría con los ojos cerrados. —Ni siquiera fui capaz de concentrarme en los quince minutos del partido, porque ni titular fui. No quiero que mi estado de ánimo y físico cambie por ti, porque no eres la culpable de ello. Y para completar, lo de ayer. Estoy cansado, agotado, harto de todo. No doy para má-más —Samuel rompe en llanto y en un segundo, mis brazos lo estaban arropando.  Nunca lo había visto tan débil y mucho menos llorando, normalmente los papeles eran al revés y verlo así dolía. Todo pude cambiar demasiado rápido y ni cuenta nos damos. Antes me sentía como la mierda, pero hay personas que pasan por lo mismo o peor, pero algunos nos quedamos con solamente la parte mala de la vida, cuando hay tantas cosas bellas. Yo entendía completamente sus miedos, también los tenía.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR